Rosas Nocturnas por Eiri_Shuichi
Resumen: Los hermanos Kaulitz se alegran el día en que Simone se casa nuevamente, solo hay un problema: con cada boda hay una Luna de Miel.

El problema no era pasar unas semanas con sus nuevos tíos sino la rubia que no dejaba de perseguir a su gemelo...
Categorías: General, Músicos Personajes: Ninguno
Géneros: Ninguno
Advertencias: Incesto/Twincest
Desafíos: Ninguno
Series: Rosas
Capítulos: 1 Completo:Palabras: 9258 Lecturas: 863 Publicado: 27/03/09 Actualizado: 27/03/09
Rosas Nocturnas por Eiri_Shuichi
Notas del autor:
No tengo idea de lo que estoy haciendo, no tengo idea por que lo escribi y mucho menos por que me atrevo a publicarlo pero admito que temo por mi vida xD cuando menos me odiaran a distancia

PD: Con este fic no afirmo NADA sobre estos dos musicos, no esta basado en ningun hecho veridico ni nada que se le pareza así que por favor no tengan ideas raras y luego me echen a mi la culpa.
~ ROSAS NOCTURNAS ~



El aire soplaba fresco moviendo la hojarasca como una serenata sutil y acompasada de notas naturales, como una improvisación, mientras el cielo claro parecía augurar la buena fortuna para la pareja que se miraba a los ojos con tal amor y entrega que era imposible para ellos no sonreír; habían pasado algunos años desde el divorcio pero ese día empezaban una nueva familia con todas las de la ley, con el nuevo esposo de su madre que la adoraba incondicionalmente y que hasta ese momento parecía ser el padre ideal para ellos dos, siempre brindando su apoyo y enseñanzas, ayudando a sanar las heridas de la separación.
Simone parecía resplandecer entre los presentes, junto a sus dos hijos y frente al juez mientras plasmaba su firma en el certificado con letra fina en tinta negra, nuevamente estaba casada y la felicidad los colmaba a los cuatro. Un estallido de aplausos emergió de la multitud presente en el instante preciso que se besaron para sellar su unión y Bill no podía dejar de abrazar a su hermano lleno de emoción, sabiendo que el mayor compartía su sentir e imaginando, cada uno en su cabeza pese a que fuera lo mismo, la vida maravillosa que les esperaba.
En realidad la boda no era para Bill y Tom Kaulitz más que la cereza del pastel de la buena racha que estaban viviendo; finalmente habían convencido a su madre para permitirles presentarse en público de manera más abierta, cosa que, por muy abierta que era, parecía no estar convencida de cederles y en eso sin duda su ahora padrastro había tenido que ver, convenciéndola de que era un modo de empezar, juntos, como siempre lo habían estado, ahora su madre contraía nupcias nuevamente y ya, solo en aquel día, al menos veinte personas habían mostrado “interés” en los looks que ambos estrenaban, después de todo, ver a un adolescente de doce años con rastas y a otro con el cabello teñido y maquillado no era cosa de todos los días.
La reunión en su casa resulto modesta, sin demasiada gente, pero tan repleta de algarabía que un pelotón parecía estar ahí, riendo, brindando, Bill cantando, la abuela gritando “Maky” por toda la casa y la pareja colmada de felicitaciones hasta que la noche se apodero del horizonte y todos se marcharon, entonces los cuatro se quedaron solos en la casa.
Ninguno de los gemelos tenía sueño, Bill se había escabullido apenas cinco minutos antes a la habitación de Tom y ya estaban acomodados uno a cada extremo de la cama jugando cartas mientras una botella de vino sobrante se iba vaciando a cada trago directo de los dos hasta que ya pasadas las horas quedaron profundamente dormidos abrazándose buscando cobijo del frío que arreciaba.
Tom jamás estuvo seguro de a que hora lo había ido a levantar su madre pero el zarandeo y los gritos terminaron por despertarlo a él y al histérico de su hermano que, junto con Simone, no paraba de repetir lo tarde que se había hecho y que perderían el avión si no se apresuraban; cuarenta minutos después los vieron partir en un taxi rumbo al aeropuerto para su luna de miel.
Rió para si mismo, fue hacía la cocina y se sentó a esperar que Bill terminara de recalentar el desayuno que era el restante de la cena, comieron, se vistieron y bajaron las maletas a la planta baja junto con una de sus muchas guitarras para esperar a que llegaran por ellos. Sentados en el sofá, frente al televisor, dejaron pasar los minutos prestando más atención en fastidiarse mutuamente que en documental hasta que aburridos apagaron la máquina y empezaron a ensayar hasta que el sonido del timbre llamo su atención, Bill corrió hasta la puerta, la abrió y se encontró con un hombre alto, con gafas de moldura oscura que lo miraba desde arriba con sus ojos grises en un rostro que denotaba más de cuatro décadas.

-¿Sí?- Bill miraba al extraño con cierto nerviosismo mientras sentía la presencia de su hermano acercándose lentamente; el hombre los miro ligeramente sorprendido por el rostro maquillado y el cabello de ambos quitándole importancia al instante
-Soy Edward Kern, vine por ustedes
-Ya estamos listos- Tom comenzó a sacar las maletas mientras Edward las colocaba en la cajuela del auto aparcado justo frente a la casa, el menor entró por sus chaquetas y cerró cada puerta y ventana con seguro hasta alcanzar a los otros dos en el vehículo sentándose atrás, con su hermano en el asiento del copiloto y el mayor frente al volante; arrancaron y echo un último vistazo al vecindario.
-Entonces… ¿usted es nuestro tío?- Bill se sentía extrañamente cohibido, cosa que nunca llegaba a pasar y que empeoraba con la aparente apatía de su gemelo sin mencionar lo silencioso del desconocido que se limitaba a sonreír.
-Bueno, político podría decirse- eso era más que obvio –mi esposa es prima de Gordon
-Ya veo- no parecía haber modo de amenizar la convivencia en la lata esa en la que estaban, el camino parecía no tener fin y la noche ya iba tomando forma en el firmamento
-Selene esta muy entusiasmada por conocerlos, en cuanto Gordon la llamo para pedirnos hospedarlos se puso a gritar como loca, nos apenó mucho no poder venir ayer pero el trabajo no nos lo permitió. Espero que no les moleste el viaje hasta Hamburgo.
-No, esta bien- comentó distraído Bill, hastiado de no ver ni hacer nada medianamente interesante, Edward no le desagradaba pero Tom se mostraba excesivamente ausente y él ya estaba echando de menos a Simone y Gordon, se sentía un poco solo.

Para cuando llegaron a la ciudad las farolas encendidas en las calles parecían inmensas luciérnagas levitando sobre la acera mientras los transeúntes eran rostros y siluetas ligeramente difusas por la velocidad, las tiendas y comercios llenos de bullicio denotaban lo viva que la ciudad estaba reanimando el corazón acongojado del menor de los gemelos que se perdió en el paisaje que Hamburgo le regalaba, pero si dunda alguna lo que más conmovió a Bill fue sin duda el río Elba que esplendoroso se mostraba reflejando las luces artificiales mientras el aire húmedo daba de lleno en su rostro hasta que, sin que él se diera cuenta, habían llegado a uno de los barrios del distrito de Altona donde Edward aparcó frente a una casa azul pastel, con marcos blancos que pese a ser relativamente angosta se compensaba con las tres plantas repletas de ventanas y cortinas crema.

-Bien chicos, hemos llegado- Edward bajo del automóvil y comenzó a sacar las maletas de la cajuela mientras los gemelos se dedicaban a admirar la casa, el mayor sin mucho interés y el menor con entusiasmo brotando de su interior ante la idea de pasar dos semanas en aquella ciudad. Siguieron al que ahora era su tío subiendo unos escalones hasta la puerta y sin que siquiera pudiera sacar la llave el cerrojo se abrió y una mujer de largo cabello rubio, caucásica y de apenas un poco más de un metro y medio enseguida se lanzó sobre los gemelos abrazándolos y besándolos en todo el rostro de uno en uno sin parar de gritar para luego atacar al adulto que no podía disimular su sonrisa por verla tan alegre-
-Dios, disculpen, es que llevo todo el día esperando, no podía esperar para que llegaran pero pasen, están en su casa- a Bill le causo mucha gracia lo efusiva que era aquella mujer e incluso Tom comenzó a mostrarse más relajado ante las muestras de afecto –yo soy Selene, la prima de Gordon, llegaron justo a tiempo para cenar, hice pasta- los ojos delineados del menor se agrandaron y parecieron resplandecer con un brillo encantador que el de rastas era incapaz de compartir, prefería mil veces los macarrones pero el rugir de su estómago acalló sus pensamientos casi al instante.
-¿Dónde esta Loraine?-Edward iba bajando las escaleras tras haber subido las maletas y se dirigía al comedor con los otros tres
-No debe tardar en ella- comentó Selene restándole importancia
-¿Cómo?, ¿salió?- hizo una pausa como calculando las palabras precisas a emplear que no incitaran un disgusto en su mujer -¿se acordó que hoy llegaban sus primos?
-Sí, pero tenía que ir con Anna a comprar unas cosas; no te molestes, tiene derecho de salir y son vacaciones- cuando Tom prestó atención a lo que hacía la mujer y no solo a la “interesante” conversación de pareja se percató de cómo la mesa estaba ya lista y arreglada para cenar. El ruido de la cerradura llamo su atención así como los pasos aparentemente torpes que alguien daba en la estancia camino a donde ellos se encontraban y entonces la vio; era bastante delgada, caucásica, rubia como su madre, boca bien delineada y ojos celestes muy grandes que los observaba con atención –hija, te presento a tus primos Tom y Bill- ella se acerco extendiendo su mano, primero al mayor que notó como parecía haber cesado la respiración de la pobre, pero no se comparaba en nada con su reacción al contacto de su mano con la de Bill y como casi se derretía en disimulados temblores cuando él se había acercado para besar su mejilla amistoso sonriéndole tan encantador como era; Tom lo notó, definitivamente, pero no quiso pensar en eso, tenía dos semanas por delante para estar en esa casa y creyó que era imaginación suya, idea que poco a poco se iba desvaneciendo durante la cena, cuando su “prima” no paraba de levantar y agachar la mirada hacía su gemelo o cuándo su rostro se ponía rojo al verse descubierta por aquel.

Al terminar la cena su tía y su prima se quedaron levantando y limpiando todo mientras su tío los guiaba hacía el primer piso y por un pasillo hacía el cuarto de huéspedes donde una inmensa cama matrimonial sería su lecho.

-Espero no les incomode, cualquier cosa pueden decirnos y le buscaremos una solución
-Sí, esta bien- susurró Tom inspeccionando la habitación encontrándola acogedora
-Descuida, ya hemos dormido juntos antes, estaremos bien- Bill se mostraba más abierto, como lo era en realidad y eso al mayor le ayudaba mucho pues se quitaba una preocupación de la cabeza
-Esta bien, a dos puertas hay un baño, casi nunca lo ocupamos así que es todo suyo, descansen- Edward salió y se alejo con sus pisadas hacía alguna otra parte de la casa dejando a los gemelos solos con sus pertenecías. Tom estaba a punto de coger la guitarra cuando vio que Bill se acercaba a él lentamente, con la mirada fija y una sonrisa nada inocente en su rostro casi infantil
-Al fin solos- le mantuvo la vista unos segundos y luego rió para dirigirse a un estante y ver el pequeño reproductor de compactos mientras se reía por su chiste –lo siento, solo se me ocurrió- Tom bufó y se acomodó la guitarra empezando a tocar, en parte porque apenas si había practicado aquel día y en parte para no perder la paciencia con el menor que en pocos minutos ya estaba junto a él cantando sin reservas como solían hacerlo, sabiendo que aunque no estaban en casa el estar juntos podía bastar.

Sentía un confort inexplicable, la tibieza entre las sabanas y la luz tenue colándose entre las cortinas con delicadeza dando una calidez a la estancia que lo seducía a permanecer en la cama por toda la eternidad y el peso extra sobre su pecho y al nivel de su cadera no parecía contraponerse a su primera idea lo que podía ser percibido de distintas maneras, ¿les molestaría a sus nuevos “tíos” si se abstenía de bajar a desayunar?, o mejor aún, ¿les importaría que se quedaran ahí durante toda su estancia?, porque a él le parecía una gran idea. Sintió como el cuerpo casi a su lado se reacomodaba por enésima con la falta de malicia que el sueño profundo produce en cualquier persona y sonrío, permitiéndole que se hiciera el menor a su placer, incluso cuando acercó su agarre; Tom estaba más que cómodo con aquella situación, con el entorno y en definitiva con Bill pero como todas las cosas buenas termino cuándo su gemelo volvió a la realidad de la vigilia y sacó de la recamara para que fuera al baño donde no estuvo por demasiado tiempo a diferencia del otro que lo siguió y permaneció encerrado una eternidad.
Tom estaba solo, con Bill cerca pero limitado y en una casa que no era la suya así que decidió hacer lo único que le parecía sensato, cogió la guitarra y siguió ensayando las canciones que habían estado preparando para la banda y que, aunque lo entusiasmaba, no terminaban de gustarle del todo; así siguió hasta que se descubrió a si mismo extrañando a su hermano por lo que se permitió a si mismo cantar por su cuenta, no era igual pero era mejor que quedarse como tonto esperándolo.
Llamaron a la puerta y por ella entró Loraine que enseguida se le quedó viendo con los ojos demasiado abiertos, no estaba seguro si ella palidecía o tomaba color cada vez que la tenía enfrente pero sin duda algo en su interior se movilizaba, aunque eso no le importaba mucho.

-Yo… venía a ver si querían desayunar algo- cada silaba parecía difícil de pronunciar y ya no sabía si verla o no
-Sí, gracias, en cuanto termine Bill bajamos
-¿A dónde?- repentinamente el menor había aparecido medio vestido; los jeans estaban en su lugar pero nada cubría el torso y una toalla estaba sobre su cabeza en clara señal de lo que hacía antes de escucharlos
-Abajo, a desayunar, así que apresúrate- Tom lo miró y luego a ella que si al principio parecía nerviosa ahora estaba al borde del desmayo ante la imagen de su hermano
-Estoy en cinco minutos- comentó el menor yendo hacía sus cosas para buscar algo más que ponerse mientras Loraine despertaba de sus pensamientos para salir corriendo escaleras abajo -¿siempre será así de nerviosa?
-Yo más bien creo que alguien la pone así- la ironía en su voz era bastante obvia para Bill que lo conocía como a la palma de su mano… ¿no eran, después de todo, gemelos?
-Hummm, es linda, ¿vas a hacerle caso?
-¿Qué?- a veces creía que su hermano era demasiado niño, pero tampoco lo culpaba, excepto en momentos así donde parecía imposible cuestionar sus instintos innatos
-¿Bromeas?; si quien la pone como tonta eres tú
-Juraría que te veía con esos ojos- casi había sacado todo lo de su maleta cuando finalmente encontró algo que le combinara y se digno a usarlo –pero no preste demasiada atención

Bill no alegó más y Tom tampoco por lo que fueron hacía el comedor y encontraron la mesa lista, aunque menos formal que la noche anterior y de la cocina la rubia salía con un plato en cada mano; ambos agradecieron y ella desapareció de inmediato hasta después, casi adherida al teléfono de la sala tras haber lavado la bajilla.

-¿Les gustaría salir conmigo y una amiga?- les preguntó de repente cuando estaban buscando algo interesante en la televisión, mientras su mano estaba sobre uno de los extremos del teléfono, asintieron y ella retomo su plática por otra media hora. Para las dos de la tarde bajaban del bus en una calle que no conocían lógicamente, pero que les pareció bastante transitada, algunos iban solos, elegantemente vestidos, otros en grupos que seguramente eran familias y muchos otros, como ellos, eran grupos de adolescentes que iban y venían de un lado a otro; al otro lado había una tienda de variedades, en la esquina un pequeño café muy prometedor, por otro lado una librería, tiendas de ropa, zapatos, etcétera. Caminaron por unas calles hasta llegar a un parque donde, en menos de cinco minutos, escucharon un grito tan alto y tan agudo que Tom casi pudo ver a las aves huir despavoridas cuando una chica bajita, castaña, de pequeños pero finos ojos avellana y nariz perfecta se acerco abrazando muy emocionada a Loraine, ambas comenzaron a hablar entre ellas y, aunque estaba seguro de que era alemán, no podía entender en absoluto lo que decían con velocidad y chilles imposible para cualquier ser humano, al menos para cualquier hombre.

-Bill, Tom, ella es Anna
-Mucho gusto- de inmediato el menor de los Kaulitz sonrió abiertamente y tendió la mano a la castaña mientras Tom se limitaba a sonreír con discreción de forma amable a la chica
-Bien, ¿qué quieren hacer?- la voz de Anna resulto no ser tan irritante como Tom había creído al principio sino que era muy suave y tierna comparada con la de Loraine que era más gruesa y que solo sonaba calma por su actitud prudente –imagino que quieren conocer la ciudad
-¡Sí!, tenemos que conocer toda la ciudad- Bill estaba muy entusiasmado con la idea, se le notaba en su rostro y el resplandor en sus ojos casi soñadores
-¿La ciudad o las tiendas de ropa?- se burlo Tom conociendo la debilidad de su hermano por la ropa causando una carcajada limpia de la castaña
-Creo que eso tiene solución- aló a los gemelos, cada uno por una muñeca y Loraine casi echo a correr en cuanto se percató de que la iban dejando rezagada; los guió por todo el parque y por varias calles, entraron a confiterías, a un café y a innumerables tiendas de ropa además de cinco de música donde ambos gemelos se encargaban de ver toda la mercancía, desde los CD’s hasta los instrumentos y en cuanto Bill encontró un álbum de Nena supo que tenía que ser suyo, por lo que salió de la tienda muy complacido con su nueva adquisición, su móvil pronto no tuvo más capacidad para todas las fotos que su hermano se tomaba a mitad de la calle con él, con las chicas y con las extrañas estatuas de sirenas con dos colas o los centauros pescando para terminar en un restaurante pequeño donde Bill no dejaba de contarles sobre su vida en Leipzing y Andreas mientras Anna se reía y le hablaba sobre el colegio al que ella y Loraine asistían y Tom en ocasiones se unía a la charla hasta que notó la mirada que su prima le daba a su mejor amiga y que era difícil saber si era desesperación, celos o ganas de llorar pero en definitiva sabía que era lo que ocasionaba esas sensaciones en ella: su mejor amiga estaba acaparando la atención de Bill y eso era precisamente lo que Loraine había planeado hacer, no tendría las cosas fáciles; por otro lado Anna no parecía interesada en su gemelo sino simpatizar simplemente, congeniaban como buenos amigos, lo que le alegraba por ambos y él mismo, pues bien, no estaba muy seguro, había notado los muchos intentos de la rubia para acercarse y seducir a Bill así como una sensación ligerísima que eso despertaba en su interior, una que no conocía pero le parecía familiar y, sin embargo, no tenía nombre todavía.

Para las nueve de la noche llegaron a la casa, Selene y Edward los esperaban con impaciencia aunque les habían llamado para decirles donde estaban y con quien, habían esperado a que Anna tomara su colectivo antes de hacerlo ellos, Loraine se había sentado al lado de Bill ente no dejaba de conversar con Tom que se encontraba en el asiento delante de ellos y cantaba una y otra vez las canciones de Nena con su prima tratando de seguirlo sin poder del todo.
Tom se sintió feliz al ver que la cena que los esperaba eran macarrones, los tres se sentaron en la mesa y fue finalmente ahí que Bill le prestó a Loraine la atención que tanto luchaba por conseguir lo que le causó mucha gracia al mayor, más allá de la incomodidad que implicaba. Fueron a su cuarto y volvieron a ensayar, no era como si hubiera mucho más que hacer, sus tíos estaban en el estudio y su prima otra vez se encontraba pegada al teléfono, pero no le molestaba en absoluto, el estar a solas con Bill cantando y la guitarra en sus manos le brindaba una paz incomparable con nada y solo deseaba que Gordon y su madre estuvieran bien.

Era media noche, el cielo azul oscurecido parecía un abismo, no había estrellas ni luna al otro lado de la ventana contrariamente a lo que ocurría en la cama, podía sentir perfectamente el cuerpo junto al suyo que se fundía entre las sombras y las sabanas que ilustraban su silueta, podía sentirlo a pensar de los centímetros que los separaba y sin que él se diera cuenta, perdido en un universo alterno al que solo se llegaba con esas alucinaciones psicodélicas llamadas sueños; elimino esa diminuta distancia y se amoldo a él con excesiva facilidad, lo abrazo con todas sus extremidades y al poco rato Bill también estaba profundamente dormido de nueva cuenta perdido en el placer que pocos conocían.
No supo bien cuanto tiempo llevaba en conciencia pero en cuanto lo despertó se recordó a si mismo no abrir los ojos, no quería levantarse ni soltarlo, la nostalgia lo empezaba a invadir porque, aunque estaba con su hermano y eso era bueno, no había pasado jamás tanto tiempo lejos de su madre y su hogar sumado a que la hospitalidad de sus tíos y en particular de su prima lo llegaba a poner nervioso; Simone era bastante liberal y confiada mientras que ellos parecían una familia más típica y la conversación con Anna le recordaba a Andreas y lo mucho que le hubiera gustado estar con él o con Gordon ayudándolos a ensayar.

-Ya deja de fingir, tenemos que levantarnos- la voz de Tom lo obligaba a admitir su derrota ante el tiempo que, implacable, había convertido la noche en día como acostumbraba
-Hum, ¿es totalmente necesario?- se esforzó en vano por sonar adormilado incluso si Tom lo conocía lo suficiente para saber cuando mentía
-Anda, es tarde- le insistió
-¿De verdad quieres levantarte?- soltó del agarre al mayor denotando la falta de acuerdo para enseguida buscar entre todas sus prendas, que no eran pocas, lo que usaría.
-Perezoso- ignoró el murmullo emitido por su igual en desaprobación, con gracia se dirigió a la puerta del baño que enseguida cerró con seguro desvistiéndose a la par que el agua de la regadera se iba templando hasta volverse agradable, se vio en el espejo y esa sensación que a veces lo asaltaba lo abordo; verse era como ver a Bill y, a la vez, era completamente distinto, sí, él era capaz de percibir los detalles que los diferenciaba convirtiéndolos en individuos tan diferentes que a veces parecían estarse alejando el uno del otro, en una lucha por llegar a los extremos opuestos de la sociedad y, sin embargo, seguían tan cerca que al verse al espejo veía a Bill. Sus rostros eran idénticos, pero entre sus rastas y el cabello alborotado del menor eso podía pasar por alto, su cuerpo, en cambio, mostraba disentimientos marcados, él se le figuraba tan a menudo como una muñeca de porcelana, una alegre, ruidosa, exasperante, dulce, sonriente, una que odiaba francés y que nunca paraba de cantar. Bill era su hermano, su gemelo, su cuerpo con otra alma; alguna vez habían sido uno mismo, muchos años atrás, incluso antes de que sus padres supieran que vendrían al mundo, incluso antes de que Simona pudiera percibir su existencia en el interior de su cuerpo él y Bill habían sido uno y algo de ellos lo seguía siendo, algo tan dentro que por más que escarbaba en sus pensamientos y su corazón no lo encontraba, porque habían sido uno, porque venían de una misma célula que al dividirse no había hallado su otra mitad y en medio de su desesperada búsqueda continuara multiplicándose para llenar el vacío de aquella trágica primera perdida formara dos seres humanos que seguían en la búsqueda el uno del otro, estaban marcados por el anhelo de estar juntos de por vida.
Podía recordar a claridad esa sensación de estar incompleto que desaparecía cuando veía, escuchaba o percibía a Bill de alguna manera o cuando era él quien corriendo iba hacía él y lo abrazaba con todas sus fuerzas como si una misteriosa fuerza de atracción intentara fusionarlos en uno solo.
“¿Es lo que deseo?, ¿quiero ser uno con Bill?” se preguntaba “¿quiero que me busque ansioso por estar a mi lado otra vez?, ¿quiero que me encuentre?, ¿quiero encontrarlo?”, le seguía, “¿Soy Tom solamente?, ¿él puede ser Bill y nada más?, ¿somos Bill y Tom?, ¿somos la misma persona?” y un repertorio infinito de preguntas continuaban vagabundas por los tres niveles de su conciencia viajando como estática por sus extremidades recorriéndolas repetidamente.
Entró a la bañera con las gotas esparciéndose en distintos centímetros de su cuerpo, resbalando en un tacto tibio e íntimo, casi era una caricia etérea que lo invitaba a descubrir en cada gota la magnificencia de la espuma; lavo su cabello parsimoniosamente, cuidando de hacerlo perfectamente como era su obsesión, una de tantas y finalmente salió medio secándose y con una toalla en la cintura comenzando a vestirse, al terminar salió y se encontró con la sorpresa de que su hermano estaba también listo.

-Anda, vamos a desayunar- lo cogió por la muñeca por todo lo largo del pasillo hasta las escaleras, bajaron y fueron al comedor donde Loraine terminaba de poner la mesa –hizo panqueques
-Sí, espero que les gusten- la rubia salió haciendo mucho ruido en la sala –disculpen que me vaya así, esperaba poder llevarlos a conocer más de la ciudad pero Anna y yo quedamos de ir a una reunión con unas amigas y no creó que quieran salir con un grupo de compradoras compulsivas- comentó como broma poniéndose la bufanda, dio de sorpresa un beso a Bill y se fue gritándoles “Adiós”.
-¿Todavía tenemos duda de quien la tiene loca?
-No me causa gracia- Bill no parecía conforme con la idea de atraerle a su prima, su gesto ausente y su falta de apetito lo delataban; permaneció así por más de media hora mientras su hermano no se iba de la mesa sin por ello decir palabra alguna. Bill podía tener el cuerpo en esa silla mientras su mente se fugaba rincones que el mayor desconocía, por momentos parecía haberse apartado por completo del mundo que le rodeaba como un maniquí incapaz de percibir para después humedecerse sus ojos como si hubiese bostezado hasta que alzo el rostro mirando fijamente a Tom que parecía muy entretenido en el tazón de cereal recién servido, seguramente insatisfecho por la masa medio cruda que Loraine les había servido muy aprisa para prestar atención a la cocción –Tom- susurró en un tono suficientemente alto para hacerse notar –tú… ¿qué piensas de que yo le guste?
-¿Hablas de Loraine?- alzó los hombros sin verle a los ojos, restándole importancia –supongo que no hay daño, no es nuestra prima de verdad
-¿Y?- insistió desesperado por obtener una respuesta más elaborada
-¿Ella te gusta?- Bill se congelo y en cinco segundos ya se había ruborizado completamente –porque si te gusta y tú a ella no veo ningún problema
-¿Problema?
-Sí, cuando te gusta alguien que no te corresponde ese es un problema pero en tu caso no lo seria así que no hay de que preocuparse
-Idiota- murmuro levantándose cuando no llevaba ni la mitad de su desayuno, subió las escaleras a toda prisa y azoto la puerta de la recámara poniendo el pestillo y arrojándose boca abajo sobre la cama, cogió una almohada para rodar los ojos casi al instante tras descubrir que era la del mayor y no la suya –Tom Kaulitz-Trümper, eres un tonto

En la planta baja Tom no terminaba de entender lo recién ocurrido, cosa que lo confundía aún más pues él siempre sabía lo que le pasaba a Bill, él le contaba todo y siempre lo comprendía, entonces, ¿qué había motivado a su gemelo a salir huyendo tan repentinamente?
Posiblemente había esperado que le diera su aprobación o que se mostrará entusiasta pero no podía, ni siquiera era algo en que le gustara pensar y no se traba de Loraine o de que se hicieran novios sino del hecho de que esa relación, en definitiva, cambiaría las cosas entre los dos y eso le aterraba, no se imaginaba como sería todo si de pronto Bill no estuviera a su lado casi siempre, si comenzara a colgarse por horas en el teléfono llamando a una chica diciéndose cosas cursis y melosas o a hablarle por horas acerca de ella; no, no podía imaginarlo porque no quería hacerlo, se negaba a perder a Bill.
La culpa se alojo entonces en su estomago expandiéndose por todo su cuerpo, estaba siendo egoísta manera incontrolable; quería a Bill, quería que fuera feliz pero no quería que una chica, fuera quien fuera, lo alejara de él. No estaba dispuesto a permitir que algo así sucediera pero la conciencia lo mantenía a raya, ¿cómo iba a ser amable cuando por dentro hervía en rabia?.
Las horas pasaron y Tom sabía que aún faltaba para que Bill decidiera bajar, lo había hecho enojar bastante y pese a desconocer a precisión la causa de su disgusto sabía muy bien que aquello podía dar para mucho, mucho tiempo así que resignado y a medio acostar en el sofá se dedicaba a cambiar los canales del televisor con el control a distancia encontrando algo que llamó su atención; una película que hasta dos horas después, cuando termino, le permitió levantarse a estirar las piernas con pereza y ligeramente dolorido por las incomodas posiciones en las que había estado. Fue hacía la cocina abriendo el frigorífico para coger una lata de soda, quito el seguro y bebió en tres sorbos el contenido entero, salió y vio la escalera que lo separaba de su hermano, tentado a subir se esforzó por ignorar ese deseo y volvió a la estancia para buscar otra cosa que ver.
Cuando eran ya las seis de la tarde el hambre había desaparecido dos veces y era su tercer despertar, más fuerte que antes con un crujir casi maquiavélico que le partía en dos por la mitad a causa del dolor insufrible que ya le llegaba hasta la cabeza sin llegar a atreverse a comer lo que su tía había dejado listo en el refrigerador para ellos dos.
Maldijo en su cabeza aún antes de llevar a cabo la acción, suponiendo las consecuencias que aquello acarrearía al final; subió las escaleras con parsimonioso andar evitando hacer crujir los escalones bajo sus pies, se deslizo por el corredor y finalmente llegó a la puerta de la habitación que, para su sorpresa, no estaba cerrada, la abrió esperando el instante en que Bill lo mandara al demonio y en lugar de eso se encontró con que el menor estaba sobre la cama concentrado escribiendo en una libreta y parecía tararear alguna cosa incomprensible, entró y se sentó a su lado sobre el colchón sin que le prestara atención, demasiado ocupado en su propia labor para prestarle atención seguramente para ignorarlo.

-Bill- no hubo respuesta, ninguna –Bill, tenemos que hablar
-Estoy ocupado- su tono no era agresivo, molesto u ofensivo de ninguna manera aunque no le miraba
-¿Puedes dejar eso solo un minuto?- puso la mano sobre la hoja desesperado por no saber que hacer y era evidente que eso ya no lo tomaría con tanta calma el menor –Bill, ¿por qué estas molesto conmigo?
-No se de que hablas- sus ojos lo confrontaron con clara intensión de convencerlo sin obtener el resultado deseado
-Bill, hace horas que estas aquí y tú solo me evitas así cuando estas enfadado así que, ¿qué hice?
-Nada
-¿Y por qué no quieres bajar?
-Porque estoy ocupado aquí arriba, ¿no lo ves?- el menor ya iba perdiendo la compostura ante el desconcierto de Tom
-¿Y no puedes hacerlo abajo?, ¿no pudiste llamarme?
-¿No tengo derecho de estar solo de vez en cuando?
-Tú y yo nunca estamos solos
-Pues quizá ese sea el problema
-¿Quieres estar solo?, ¡bien, quédate aquí todo el día me largo!- se levanto de golpe yendo hacía las escaleras con fuertes pisadas en las que iba descargando su enojo, bajó y cuando se encontraba a punto de salir de la casa, con la puerta abierta escucho como Bill corría como loco, casi rodando las escaleras para alcanzarlo.
-¡Tom!- llegó hasta él y lo abrazó fuertemente, como si temiese que al cruzar el umbral no volvieran a verse jamás –no, perdóname, no quise decir esas cosas horribles- ese era el Bill que Tom conocía, el que quería y lo acompañaba todo el tiempo –yo… no se porque reaccione así
-No hay problema, solo olvídalo, ¿quieres?

Después de eso habían comido, ensayaron y presenciaron la llegada de la familia que muy entusiastas les preguntaban si se sentían a gusto hasta que fue hora de dormir, lo que por cierto Tom agradecía, estaba cansado de tanta confusión y fácilmente lo venció el sueño, no así con Bill que permaneció despierto un buen rato, meditando sobre todo lo ocurrido, sobre lo horrible que se lo había pasado sin su hermano mayor casi todo ese día, sobre su reacción injustificada y sobre lo que había detonado el evento; Loraine.

Habían transcurrido siete días ya de estar en la casa de sus nuevos tíos, se habían adaptado, habían ensayado, habían conocido la ciudad y él en especial había descubierto lo poco que le gustaba estar cerca de la rubia que fácilmente lo sacaba de sus casillas con su risa de niña tonta para atraer a Bill, como si él no hubiese sido suficientemente claro en aquella ardua semana.
Con una lata de soda en la mano se dirigía a la recamara para seguir ensayando cuando escucho los murmullos provenientes del piso superior, algo muy parecido a esos gritos que daban las chicas cuando hablaban entre si de cosas que generalmente iban acompañadas de gestos que ningún hombre con orgullo de serlo haría jamás, se atrevió a subir los escalones y fue hasta la puerta blanca que a medio cerrar separaba la alcoba de su prima del resto del pasillo.

-Sí, sí, sí, ya lo se- colgada del teléfono y sentada en la cama la rubia enredaba su dedo al cordón del aparato –pero Anna, tú lo viste, es demasiado lindo, ¿tienes idea de lo difícil que es verlo y que ni cuenta se dé de mí?- y Tom la escuchó usar otra vez ese tono de niña victima que le disgustaba porque lo que él veía y lo que ella quería hacerles creer eran cosas opuestas -¿crees que no he sido suficientemente directa?- “No, directa no, pero sí muy obvia” pensó el guitarrista para si mismo bufando por las tonterías que la oía decir sin que ella lo sospechara -¿y si se lo digo y me rechaza?, no, no podría soportarlo; Anna, eres mi mejor amiga, ayúdame- sintió compasión por Anna y la terrible suerte suya de ser la mejor amiga de semejante loca porque pese a todo la castaña parecía una persona agradable -¿y si ya le gusta alguien más?, te juro que me estoy volviendo loca- “Ahora va a echarle la culpa a mi hermano…” corrigió internamente -¿Tom?, pues… bueno, sí, también es lindisimo y me gusta pero Bill me encanta- casi se infartó al escuchar eso último; no solo estaba tras su hermano sino que además confesaba que él le gustaba –pero no me puedes culpar, son gemelos, es lógico que los dos me resulten atractivos- se fue sin ganas de quedarse para saber como terminaba la rubia de exponer su punto, demasiado cansado de aguantar que fuera una tonta como lo era.

Llegó donde estaba Bill esperándolo, con la voz de Loraine adherida en su cabeza y repitiéndose como una insoportable grabación de mala calidad, no podía tocar como debía, su mente estaba muy dividida y su hermano lo estaba notando, bastante disgustado por su aparente falta de interés por la nueva canción. Tenía miedo de mirar a su hermano, no quería contarle sobre lo que acababa de escuchar, no solo porque pudiera herirle de alguna manera sino que resultaba de muy mal gusto el espiar a alguien de esa manera; por otra parte no iba a quedarse de brazos cruzados mientras “esa” le coqueteaba a su hermano como si nada. Tom acababa de encontrar el problema en esa atracción y no permitiría que engatusara a Bill ni esa semana ni nunca.

-Pase- la voz de Bill invitando a pasar a la rubia que con las mejillas sonrosadas lo miraba fingiendo timidez
-La cena esta lista
-Ahora bajamos- la puerta se cerró y Bill le miraba fijamente, entre molesto y preocupado -¿te pasa algo?
-No, creía que sí pero me acabo de dar cuenta que no- el menor se mostró confuso mientras Tom solo sonreía, satisfecho al darse cuenta de que solo tenía que alejarla de su hermano por siente días y eso no debía ser tan difícil, incluso podía llegar a ser divertido.


Bill no entendía nada de lo que pasaba con Tom pero le quedaba claro que, fuera lo que fuera, era malo o eso le hacía sentir; primero su hermano se mostraba ausente, después lo ignoraba, no mostraba interés en nada relacionado a él y a esas alturas no prestaba atención a nada que no fuera Loraine cuando días atrás parecía odiarla. Ya varias veces le había preguntado pero siempre encontraba el mayor una manera de evadir el tema para no responder sus dudas, cosa que lo tenía ya cansado y a punto de gritar de histeria, lo peor de todo era que no se sentía enojado sino muy herido y tratándose de Tom todo le afectaba más que si el mundo se estuviera viniendo abajo.
Solo intentaba encontrar la lógica de los hechos, llegando a la conclusión de que su hermano estaba interesado en la rubia y que ello había desencadenado la discusión de días atrás, pero no tenía sentido, a él claramente no le agradaba ella, mucho menos podía gustarle, pero se desvivía atrayéndola y teniendo detalles con ella.
Bill no entendía nada excepto que estaba muy celoso de Loraine porque ella parecía tener lo que él quería: la atención absoluta de Tom.

Por el otro lado Tom estaba divirtiéndose de lo lindo; no de manera literal mas sí siendo optimista.
De manera literal se sentía en el infierno, no aguantaba a Loraine y ni siquiera se debía a como era ella en realidad, había descubierto que si ignoraba sus intensiones para con Bill y lo que había escuchado a hurtadillas su prima le resultaba agradable, podía conversar con ella y era simpática; el enorme problema era que al ser conciente de lo que ella pretendía con su gemelo se acordaba de lo mucho que la detestaba y entonces el estar a su lado era una pesadilla.
Ese era el cuarto día con su treta, sin contar la cena de aquella fatídica noche cuando había comenzado a hacer todo aquel teatro para, con suerte, hacer que Loraine dejase por la paz a Bill y ya después él se la quitaría de encima, debía ser fácil considerando que vivían en ciudades diferentes; con lo que no había contado era que, al enfocarse en su prima estaba ignorando a Bill, aunque al final decidió que podía arreglar aquello después.
Respiro profundo para darse valor, abrió la puerta y fue hacía el cuarto de Loraine cuando escucho dos risas, una era de ella y la otra de su gemelo.

-Fue tan vergonzoso- rió Bill abiertamente –cuando me di cuenta estaba bañado en esa cosa y el pobre de Tom, si lo hubieras visto, el pobre parecía a punto de desmayarse ahí mismo
-Oh, pobre Tom, debió estar muy apenado
-Creó que se sentía tan mal que no le llego la pena, en cambió yo… me da risa ahora que lo recuerdo
-Definitivamente me ganas, lo mío no fue tan penoso
-Al menos fue mi hermano
-Tienes razón; hola Tom- Loraine apenas se percataba de su presencia aunque Bill lo hubiera hecho casi desde el instante en que llegaran y eso le había dado tiempo de ver como los dos conversaban alegremente en el piso -¿pasa algo?
-No, solo buscaba algo que hacer- mintió
-Bill y yo estábamos pensando en salir, podrías venir con nosotros
-Sí Bill quiere
-Claro, ¿por qué no había de querer?- se levantó y los tres bajaron a la planta baja, cogieron los abrigos y salieron rumbo al centro. Los dos gemelos sentían la tensión entre ellos mientras la rubia estaba encantada con ellos ajena a lo que frente a sus ojos estaba sucediendo.


-¿Qué diablos estabas haciendo?- quería guardar compostura pero no podía evitar gritar después de haber callado toda la tarde
-¿Cuál es tu problema Tom?- el menor tampoco estaba precisamente feliz y lo demostraba
-¿Mi problema?, ¿qué te pasa a ti?, ¿qué hacías con ella hoy?
-¿No puedo hablar con mi prima?
-¡No es nuestra prima, es la sobrina de Gordon!
-¿Y qué?, ahora él es nuestro padre
-Ese no es el punto
-¿Y cuál es según tú?
-No lo entenderías…
-¿Ahora no soy capaz de entender?, ¿por qué no solo me dices que ella te gusta?
-¿Gustarme?, ¿estas loco?, Loraine no me gusta
-¿Entonces por qué te molesta no acaparar su atención?
-Porque no quiero que te haga daño
-No va a hacerme daño
-Claro que sí, ni siquiera esta segura de si le gustas tú o yo
-¿De qué estas hablando?
-La escuche hablando por teléfono con Anna el otro día y… no quería que terminaras enamorándote de ella…
-No la amo, ni siquiera me gusta
-Pues ella quiere gustarte, lo dijo- ambos guardaron silencio por un rato, meditando sobre lo que cada uno había hecho en esos días y lo que estaban a punto de responderse
-Yo creí que te gustaba, que por eso habías sido tan grosero conmigo el otro día y ahora pasabas todo el tiempo a su lado
-No, solo quería que te dejara en paz y creí… ya sabes- alzó los hombros
-Entonces, ¿no te gusta?
-No, ¿a ti?
-Tampoco- juntos, sentados en el piso y recargados contra la cama dejaron que su enojo se evaporara en el aire dejándolos pensar con claridad haciendo que se dieran cuenta de lo absurdo de su actitud hasta que Bill recargó su cabeza en el hombro de Tom, exhausto de pelear por algo que no tenía sentido y abochornado por lo infantil de sus acciones –lo lamento, no sabía que estabas cuidando de mí, pero podrías haberme consultado primero
-Y tú pudiste preguntarme antes de irle a contar sobre la vez que vomite en el autobús
-Perdón- se rió –pero admite que es muy gracioso
-No lo creó- rió también, feliz por hacer las paces con el menor de una vez por todas -¿qué vamos a hacer ahora?
-Creo que no es buena idea decirle de tu ingenioso plan ni de lo que yo pensé, mejor dejémoslo así, en tres días nos iremos a casa de cualquier forma- Bill se reacomodo, ajustando todo su cuerpo para amoldarlo al de Tom empatando cómodamente
-Todavía no entiendo por qué estabas molesto
-¿Cómo por qué?, creí que te había perdido
-No puedes perderme, somos hermanos
-Ya lo se, tonto- le riño –solo que… creó que sentía celos de que te interesaras tanto en alguien- Bill no quiso girar a ver al mayor sintiendo su rostro hirviendo en pena por lo que no supo de la sonrisa que dibujaban los labios del mayor, feliz por saber que podía producir sensaciones así en su hermano.


Loraine y Selene los despedían desde la puerta con promesas de irlos a visitar muy pronto y exhortándolos a regresar cuando quisieran lo que provocaba en los gemelos satisfacción mezclada con nostalgia para con esa familia que se había mostrado amable y cálida con ellos. Subieron al auto tal y como lo hicieran en el primer viaje que en esa ocasión les pareció más corto y a las dos de la tarde Edward metía la última de sus maletas en su casa, despidiéndose de ellos y partiendo rumbo a la carretera de regreso a Altona.
Una vez en su casa sintieron un inmenso placer de estar nuevamente en casa y, por aquella noche estarían solos hasta que Simoe y Gordon llegaran al día siguiente.
Abrieron cada ventana dejando entrar el aire fresco de la calle, todo seguía en su lugar y ellos comenzaron a desempacar y a guardar los pocos víveres que Edward había comprado para ellos mientras sus padres volvían a casa.

-Estoy aburrido- en la televisión no había nada que fuera tan interesante y eso no era ninguna novedad pero si algo grave para una familia que pagaba por tener cable -¿de que te ríes?
-No es nada- Bill, sentado en el sofá no le quitaba la vista de encima a Tom mientras reía ligeramente para si mismo –solo pensaba en algo pero no tiene sentido
-¿Qué pensabas?
-Que somos muy tontos, mira que sentir celos el uno por el otro
-Yo no estaba celoso
-¿Ah no?
-No, solo quería cuidar de ti
-¿Y para cuidarme tienes que impedir que salga con chicas?- se burló
-No te estoy impidiendo que salgas con chicas… solo no quiero que te lastimen- se corrigió bajando la voz al final de su frase
-Esta bien, me gusta que me cuides- Bill se acerco a Tom y antes de que este se diera cuenta lo había besado en los labios suavemente separándose en pocos segundos antes de que pudiera alegar nada –voy al teléfono a hablar con Andreas- se fue dejando solo al mayor mientras sus corazones latían acelerados a distancia y bajo el mismo techo.



BONUS


-¡Fue genial!
-Eso fue asombroso, ¿vieron cuanta gente era?, es increíble- Gustav grito eufórico mientras entraban al cuarto del hotel tras el concierto de aquella noche –imaginen lo que nos espera
-No lo puedo creer… ¡fue un concierto de verdad!, no una presentación, un concierto- Georg estaba completamente emocionado y se dejó caer cuidando que su Sandberg no se dañara –tiene que ser de las mejores noches de nuestras vidas
-Estoy exhausto- Bill, con una sonrisa en el rostro cogió la botella de agua y bebió para apaciguar la sed que tenía a esas alturas después de cantar –pero sí, fue lo mejor del mundo

Las cosas habían cambiado mucho en esos años, después de aquel viaje Bill y Tom habían comenzado a presentarse en varios sitios hasta conocer un día a Georg y Gustav con quienes habían fundado Devilish que, aunque no hubiera tenido mucho éxito, representaba el comienzo de Tokio Hotel que poco a poco iba cobrando la fuerza que habían soñado por mucho tiempo; su sueño se estaba volviendo realidad.
Su gira estaba comenzando y tras un largo rato con sus compañeros los gemelos se habían ido a su propia habitación, agotados, deseosos de poder dormir.
Cada uno se echo sobre su cama y cayeron en el sopor del sueño en cuestión de segundos hasta que Bill sintió algo extraño y a la vez familiar a su lado, rodó sobre si y abrió los ojos tanto como el sueño se lo permitió encontrándose con un rostro muy similar al suyo y que podía reconocer en cualquier lado.

-¿Qué haces?- lentamente el mayor se iba acomodando a su lado bajo las mantas tiritando por el frío que se colaba por la ventana abierta tras haber conseguido llegar casi a tientas a la cama de su gemelo con la oscuridad de la noche bañando la habitación dificultándole su objetivo.
-Solo quería saber si estabas bien- la voz de Tom no estaba para nada adormilada y le miraba con toda la ternura del mundo -¿estas cansado?
-Mucho, pero hoy fue el mejor día de mi vida
-¿Y no hay nada que pudiera mejorarlo?- Bill rió y pronto Tom hacía lo mismo -¿dije algo cómico?
-No, es solo que me gusta mucho estar aquí contigo- su corazón latía tan fuerte que parecía querer salir de su pecho, su pulso acelerado le dificultaba respirar y aún así se sentía perfectamente bien.
-Me alegra porque así será por mucho tiempo
-¿Ah sí?
-¿No te he cuidado siempre?
-Sí, como cuando fuimos a casa de la tía Selene y el tío Edward y estabas celoso de Loraine
-No estaba celoso de ella- Bill tuvo que aguantarse la risa cuando notó que Tom se apartaba molesto así que se apresuro a detenerlo –me sacas de quicio
-¿Sabías que tiene un nuevo novio?
-Hummm
-Sí, llevan tres meses saliendo, también me dijo que esperaba poder asistir a uno de los conciertos
-Aja
-Vamos, no tienes que estar molesto, sabes que solo somos amigos, ¿verdad?
-No estoy molesto
-No, tú jamás te molestas- besó con dulzura a Tom, enredo los dedos entre el cabello en rastas de su hermano y poco a poco se fueron quedando dormidos abrazados entre las sabanas sintiendo su respiración sincronizada.

Contra todo lo que el universo establecía como lógico Bill despertó temprano, feliz con el concierto todavía y por estar con tan cerca de Tom que no había dejado de abrazarlo en toda la noche; lo observo a detalle por varios minutos hasta que este despertó y lo abrazo con más fuerza.

-Buenos días, ¿cómo dormiste?
-Bien, ¿tú?
-También, hambriento; me encantaría una pizza ahora mismo- rió
-¿Una pizza?, no, ya no puedes darte esa clase de lujos, ¿qué pensarán todas tus fans?
-Que soy sexy, pero eso no va a alimentarme
-Claro que sí, ganas dinero
-Eso no es verdad, gano dinero porque soy talentoso e igual tengo mucha hambre ahora, ¿podemos ir a comer algo?
-¿Desayuno en la cama?
-¿Quieres pedir servicio a la habitación?
-No hace falta, tengo todo lo que necesito aquí mismo- los dos se echaron a reír, Tom podía hacer muchos comentarios como ese y era un juego el decirse y responderse el uno al otro; con algarabía Bill se lanzo abrazando a Tom que le correspondió.
-Creó que necesitas una novia, ya estas delirando
-No, ya decidí que no es para mí, solo te necesito a ti y mi guitarra, cualquier otra persona puede esperar
-Entonces estamos bien
-Siempre que estemos juntos sí
-Tom, ¿alguna vez has pensado que podríamos ser la misma persona?
-Supongo que lo somos en cierta forma, no se, es un poco confuso
-Sí, lo es, pero me gusta
-A mí también, ¿qué es esto?- preguntó tomando una hoja de la mesa de noche
-Una nueva canción- respondió mientras el mayor la leía
-¿Cómo se llama?
-In die nacht
-Me gusta- Tom abrazó y beso a Bill otra vez antes de ducharse y bajar a desayunar encontrándose con sus compañeros y amigos de banda partiendo esa misma tarde hacía la siguiente ciudad y el siguiente concierto.
Notas finales:
No puedo decir nada a mi favor, excepto que intente hacer lo mejor que pude; lo cual, segun yo, empeora todo porq demuestra mi incapacidad!!
En fin, sientanse con la libertad de decirme cuando lo odian y que no vuelva a hacer esto en lo que me resta de vida.
Esta historia está almacenada en http://www.slasheaven.com/viewstory.php?sid=30945