Mi Historia
III
Es ya pasada la media mañana, la reportera se levanta de su sitio y se dirige a la cocina a llenar nuevamente el vaso de su acompañante. Mientras camina una pequeña sonrisa adorna sus labios. También siente el rostro caliente y sabe que es porque sus mejillas parecen haberse encendido. Es a causa de las palabras del pelinegro, del modo tan dulce en que relata lo acontecido. Cuando se devuelve de la cocina aún está sonriendo y, mientras le tiende el vaso con agua, el rostro le duele de tanto reír.
-Gracias- dice Lee mientras toma el vaso y le da un pequeño sorbo a su bebida. El agua está fría y ayuda a calmar el desasosiego que siente por dentro.
-Fue algo muy lindo lo que compartieron, ¿no es así?- pregunta la joven mientras vuelve a tomar asiento frente al ninja. Tiene cuidado de no rozar sus piernas, no sabe porqué. Supone que es por la cantidad de cosas que han dicho y, al pasar sus ojos vagamente por sobre los calentadores naranja que el otro aún sigue usando, su mirada se suaviza enormemente. Se siente tentada de preguntar pero reconoce que aún no es el momento apropiado.
-¿Tienes curiosidad?- la voz de Lee hace que levante la vista, sintiéndose descubierta y un tanto expuesta, como una niña que ha sido pillada haciendo una maldad.
Tan sólo asiente, avergonzada.
-Fue una época muy dolorosa- confiesa Lee acariciando levemente su pierna derecha-; es decir, cuando sucedió todo esto. Pero sabrás cómo ocurrió, en su momento.
-Comprendo- acepta la chica mordiéndose los labios. Casi desea obligarlo a que continúe.
Lee se percata de sus ansias y duda. No, no duda, pero hace su pausa aún más larga. Lo hace en parte para divertirse, porque resulta hilarante la forma en que ella desea saber la verdad pero no pregunta por simple y puro decoro, movida por una falsa compasión que realmente no siente. La otra razón por la que no continúa es porque tiene que organizar las memorias dentro de su cabeza, las imágenes, los sucesos... A veces la mente falla, le hace ver cosas que no ocurrieron o le hace omitir otras. No quiere perder lo más importante porque sabe que los detalles son cruciales. Los detalles lo son todo.
-Luego de nuestro primer encuentro...- comienza y la mirada de la entrevistadora se concentra de inmediato en él- todo fue casi perfecto entre nosotros.
"Tras aquella primera noche, descubrí, Gaara era completamente diferente de como lo imaginaba. Estando lejos de él y antes de empezar a conocerlo, le había supuesto como una persona fría, alejada de todo tipo de sentimientos, despreocupada y un tanto aparte de todo lo que era la amistad y el cariño. Pero con tan sólo pasar un par de noches junto a él le había descubierto como alguien sumamente apacible, deferente casi. Sin embargo era su pasividad lo que más me desconcertaba. Del monstruo que me había mutilado a este chico tan callado, había casi un abismo. Eran tan diferentes... pero era el mismo Gaara."
"Claro que yo no me quejaba, al contrario. En ese momento nunca hubiese podido saberlo, pero a su lado me sentía muy feliz."
"Era, principalmente, saber que tenía a una persona cercana dispuesta a estar a mi lado. Era el hecho de que a veces llegaba de las misiones para encontrarle cómodamente sentado en el sofá de mi departamento. Era saber que podía aparecer una noche y entraría a mi habitación, sin preguntar siquiera, y me contemplaría dormir hasta el amanecer. Sí, era esta compañía, este sentimiento de tener a alguien, de saber que alguien te necesita. Yo me sentía... no, ni siquiera decir feliz sería suficiente. Yo estaba en la cúspide misma del bienestar."
"Durante las misiones y los entrenamientos pensaba en él, añoraba el momento de poder verle y hablar y tocarnos y compartir."
"Hubo, sin embargo, una noche muy especial que nunca olvidaré."
"Llegaba yo de una misión muy importante y muy larga. Lo único que deseaba era estar en casa, lanzarme sobre la cama y dormir largamente sin preocuparme por nada ni por nadie. Pero esa noche mis planes serían muy diferentes cuando, nada más entrar a mi oscuro departamento, un peso ajeno me recibiera estampándome contra la puerta, cerrándola de paso. En ese momento no me alerté como debía por dos simples razones. La primera porque estaba mortalmente exhausto, y la segunda pero más importante fue ese aroma tan particular que tan bien conocía y el par de manos que comenzaron a explorar mi cuerpo aún por encima de mi ropa."
"-G-Gaara...- apenas había alcanzado a mascullar, débil como estaba y a punto de caer rendido entre sus brazos."
"Él, por toda respuesta, se detuvo un instante y me miró fijamente. Tenía esa forma de mirar que roba la respiración. Una mirada intensa que no todos pueden sostener. Esa noche yo no tenía los ánimos ni las fuerzas necesarias, así que desvié el rostro a un costado. Cuán grande fue mi sorpresa al sentir uno de sus pálidos dedos tomar mi mentón, sus ojos atrapando los míos, dejándome sin salida. Aunque realmente yo no quería escapar."
"-Estás débil- y su tono, más que preocupado, era uno de incomprensión, de sorpresa total. Nunca se hubiera esperado encontrarme en un estado aparentemente tan lamentable, pero entonces no conocía todo de mí; yo todavía tenía esa capacidad de sorprenderlo, y no de la mejor forma."
"-Era una misión de Rango S, Gaara-san- fue toda mi explicación."
"Por momentos le noté dudoso, como si no me creyera, pero finalmente asintió. De forma no muy delicada me guió hasta el sofá, donde me depositó sin mucha ceremonia. No le impedí nada porque al momento de tocar la cómoda superficie mi cuerpo se había relajado al máximo. Cerrando levemente los ojos me dejé invadir por el silencio, por la cálida temperatura, por la calma. Poco a poco las últimas energías que conservaba me abandonaban. Ni siquiera me importaban las heridas que surcaban mi cuerpo."
"Efectivamente había estado realizando una misión de Rango S, la cual se había complicado ligeramente. La pelea había sido cruenta y a muerte. Mi brazo derecho estaba vendado por completo, desde el hombro hasta la muñeca; en mi cuello también tenía una herida que había resultado un poco más peligrosa, pero afortunadamente había podido tratarla antes de que empeorara, pero las vendas que llevaba al cuello estaban llenas de sangre seca y sangre nueva que se escurría por mi sucio uniforme. Además de eso tenía uno que otro rasguño, y tal vez tendrían que darme unos puntos en la cabeza, pero de eso me encargaría al día siguiente."
"Al menos eso es lo que hubiera hecho en cualquier otra situación semejante, pero esa noche yo no estaba solo. Gaara, quien había desaparecido en dirección al baño, me hacía compañía. Le sentí volver unos minutos después. En lo que respecta a su presencia no era muy sigiloso. Creo que era por cierto respeto que decía sentir hacia mis habilidades como ninja. Le parecía una grosería andar por mi casa escondiendo su chakra, aunque este argumento bien me parecía un poco cínico. En más de una ocasión le había descubierto espiándome; a veces lograba que me dijera cuanto tiempo llevaba haciéndolo, otras veces no tenía tanta suerte."
"Pero esa noche, al menos, yo sabía donde estaba."
"Por eso mismo no fue una gran sorpresa cuando le sentí colocarse frente a mí. Nuevamente sentía su intensa mirada sobre mi rostro y casi sin poder contenerme le miré a su vez."
"-Estás herido- dijo simplemente, haciendo notar lo obvio. Estuve a punto de responderle que no era nada pero un gesto de su parte me acalló incluso antes de comenzar-. Guarda silencio."
"Asentí levemente, sin fuerzas para rebatirle."
"Sin advertencia de ningún tipo me abrió las piernas con rudeza, posicionándose entre ellas. La verdad mentiría si en ese momento no hubiese pensado lo peor, y mi rostro lo demostró al adquirir una tonalidad tan roja como su cabello. Yo no era tan inocente como para no saber qué significaban ese tipo de cosas, y mi corazón se había agitado mientras le observaba, enmudecido de pronto y con los labios resecos. Él, al notar mi cambio, me miró esta vez confuso."
"-¿Qué sucede? ¿Estás enfermo? Tu rostro está rojo como el tomate...- fue una simple acotación mientras se acomodaba entre mis piernas y abría el botiquín de emergencias que previamente había colocado a mi lado."
"No respondí nada porque, comprendí en ese instante, Gaara tampoco era tan inocente. A su aparentemente ingenuo comentario había seguido una sonrisa pícara que en cualquier otra circunstancia podría haber pasado por una de superioridad, pero yo sabía que no era así. A pesar de la diferencia de edades, Gaara sabía un montón de cosas que yo desconocía. Simplemente eran cosas que ninguno de los dos debía saber, pero por alguna razón él conocía."
"Según dijera después, el sexo para él no era un misterio, no ocultaba ningún secreto ni se le hacía tan necesario. Pero entonces conmigo era completamente diferente, aunque eso vino mucho después."
"Lo importante es que esa noche Gaara me dejaba ver una nueva faceta de él. Un Gaara completamente distinto, preocupado, amable, casi solícito."
"Con la experticia del mejor ninja médico había retirado las vendas de mi brazo. Con una suavidad impresionante en alguien como él había limpiado la herida con dedicación. Era una fea herida que probablemente iba a dejar una marca aún mucho más fea y, contrario de lo que esperaba, Gaara no la volvió a vendar de inmediato. Se estuvo largo rato contemplando la carne lastimada, y luego sus dedos comenzaron a trazar indefinidos patrones sobre mi brazo."
"Por mi parte le observaba sin mencionar palabra, entre fascinado y avergonzado."
"-Es extraño- dijo con voz muy grave y que casi ni se escuchó."
"-¿Qué cosa?- pregunté simplemente por hacerlo. Lo único que quería era dormir, y entre la voz de Gaara y sus caricias, estaba a punto de realmente hacerlo."
"-Verte herido- contestó de inmediato-, y saber que no fui yo quien lo hizo- al notar mi rostro un tanto perturbado por el comentario, se apresuró a explicar-. Es diferente... cuando puedo dejar una marca en tu cuerpo. No sé porqué pero me atrae la idea de que tengas cicatrices por mi causa. Es como..."
"-Como dejar una huella- completé el pensamiento porque yo también había pensado en ello con anterioridad. A mí también me atraía la idea de marcar la perfecta piel de Gaara, como un tesoro por conquistar que nadie más había logrado vislumbrar siquiera."
"Entonces asintió, comprensivo."
"Después de todo no éramos tan diferentes."
"-Me dejaste una marca- dijo de pronto, mis ojos abriéndose como platos ante la mención mientras le veía llevarse una mano a la mejilla-, tras ese examen."
"Tras decir esto sonrió. Una sonrisa sardónica y sin embargo nada pude hacer cuando mis propios labios se curvaron mínimamente. Así que... yo había dejado una marca en él. Saber esto me complacía, mucho. Más que nada saber que había sido la primera persona en lastimarlo de alguna manera. No había, dentro de mi mente, ni una gota de arrepentimiento por todo lo que había sucedido a nosotros en el examen a chuunin. Ambos habíamos peleado con dedicación, y eso era suficiente."
"Luego de esta pequeña charla nos sumimos en un silencio imperturbable. Le observaba trabajar con la herida en mi brazo, luego en mi cuello. Por un breve segundo le vi lamer la punta de sus dedos y probar mi sangre, pero no estoy completamente seguro de que realmente haya ocurrido. Tal vez fue producto del cansancio, tal vez fue mi imaginación, o tal vez sí pasó, pero lo próximo que supe es que su rostro estaba peligrosamente cerca del mío y su aliento humedecía mis labios."
"-Quítate la ropa- ordenó con tono autoritario que no daba derecho a réplicas."
"-¿¡Perdón!?- había gritado casi, sin querer comprender el porqué deseaba que me desnudara ante él quien, a su vez, entornó los ojos con fastidio."
"En ese momento tenía paciencia conmigo. En cualquier otra circunstancia ni siquiera me lo habría pedido. Pero, según contara después, era todo parte de un comportamiento que había aprendido de memoria. Temari, su hermana, había sido muy explícita en lo que respecta a las peticiones y el respeto hacia el espacio de los demás."
"-Tienes otras heridas- explicó haciendo uso de una paciencia increíble-, debo curarlas o empeorarán. Quítate la ropa."
"-Oh...- con un poco de alivio había sonreído tontamente. Así que era eso... En ese momento una parte de mí se había sentido decepcionada, pero el sentimiento general era de un alivio tremendo. Yo apreciaba a Gaara enormemente pero no estaba seguro de querer experimentar ese tipo de... cosas, con él. Al menos no aún."
"-Lee, apresúrate- me urgió al notar mi inmovilidad."
"Pero a pesar de su reprimenda, porque eso es lo que era, mis dedos parecían no responder a mi cerebro. Batallaba para quitarme el chaleco de mi uniforme y realmente cuando llegó el turno del mono verde, estaba sumamente fastidiado. Fue entonces cuando escuché un siseo familiar y en menos de un parpadeo la arena de Gaara había destrozado lo que quedaba de mi anteriormente dañado mono verde, dejándome escasamente con mi ropa interior y los calentadores. Mi rostro nuevamente volvió a encenderse y, desviando la mirada a un costado, musité un quedo 'Gracias'. Él, a su vez, asintió y comenzó a limpiar las pocas heridas que saltaban a la vista."
"Este nuevo proceso transcurrió nuevamente sin que ninguno de los dos mencionara palabra, tan sólo de vez en cuando escuchaba el siseo de la arena al bailar a los pies del sofá. Por algún motivo se le notaba ansioso, aunque no quise preguntar el porqué. Pero tampoco hizo falta. Un poco antes de terminar con la última herida su mano se había posado en mi pecho, justo en la parte donde palpitaba mi corazón."
"-¿Qué sucede?- pregunté un tanto inquieto por la forma en que sus ojos, ahora turbios, me miraban. Y cuando volvió a hablar tenía en su voz una nota de desesperación, como aquella primera vez en el bosque."
"-Tu corazón... late muy fuerte."
"Ante esto, sonreí ampliamente:- ¡Eso es porque mi corazón late con toda la fuerza de mi juventud, Gaara-san!"
"Gaara me miró, dudoso, y simplemente negó con la cabeza, aunque no estaba diciendo que 'no'. Era algo que ambos, con el tiempo, habíamos desarrollado. Su negación era más bien dándose por vencido conmigo, viendo que yo era algo que no tenía solución. Ni siquiera en mi lecho de muerte habría dejado de hacer un comentario referente a la llama de mi juventud, y en parte era algo que le gustaba. No, nunca me lo dijo en voz alta, pero yo sabía cuando algo le gustaba y cuando no. Perfectamente era capaz de ver que todo ese asunto del positivismo era uno de esos lados de mí que nunca iba a querer cambiar."
"-Mi corazón ya no late- dijo él suavemente, captando de inmediato mi atención. Esta frase se me hizo triste y mi rostro lo evidenció rápidamente. Era un pesar recordar lo diferente que éramos en el fondo, pero entonces añadió:-. Sólo late cuando estoy contigo, ¿por qué?"
"No tenía respuesta para esa pregunta, pero incluso antes de poder pensar en algo había tomado mi mano sana y la había llevado justo a donde descansaba su corazón. Me mantuve un par de segundos en silencio, anonadado, hasta que de pronto pude sentirlo. Su corazón daba la carrera. Latía tan rápido que no pensé que fuese algo normal. Y cuando lo miré, la duda en sus ojos había sido sustituida por algo más."
"-Gaara..."
"-No quiero que deje de latir...- dijo de forma casi indefinible y, sin ningún tipo de aviso, me proporcionó un fuerte tirón que me hizo levantar de mi asiento y casi estrellarme contra él. Entonces sí que estábamos cerca. Mientras mi mano izquierda seguía sobre su pecho, mi cuerpo estaba tenso ante la abrupta cercanía. Una de sus menos permanecía alrededor de mi cintura, pegando nuestros cuerpos a un nivel casi imposible. Y sus labios y los míos casi podían rozarse. Tenía los ojos abiertos como platos y estoy seguro de que mi corazón latía tan rápido como el de él. Nos mirábamos fijamente, y cuando volvió a hablar, casi deseé poder acariciar sus labios. Pero realmente lo que más me afectó no fue el hecho de que quisiera besarlo, sino lo que dijo y, más allá de eso, todo lo que implicó:- No quiero que se detenga. No quiero que pare... nunca."
Finalmente se detiene y sus ojos negros se centran en la joven entrevistadora, quien nuevamente siente el rostro caliente. Se remueve en su sitio, ansiosa. Cuando sonríe, es una mueca un tanto extraña, no enteramente una sonrisa sino algo un poco más complejo. Lee suelta un suspiro y sonríe también. Mira de forma ida por la ventana, con el sol en lo alto y el canto de los pájaros que vuelan en la lejanía. Sí, al comienzo había sido todo casi perfecto. Resultaba imposible poder preveer todo lo que ocurriría. Había sido parte del encanto, por supuesto, y el hecho de que Gaara sabía perfectamente cómo obtener lo que deseaba.
-Fue un lindo comienzo- dice la chica simplemente para llenar el silencio.
Lee asiente aún sin mirarle:- Lo fue.
Recuerda vagamente aquella noche y lo contento que había estado en ese momento. E incluso al momento de irse a dormir aún se sentía como si flotara, como si el mundo fuese perfecto. No habían importado las heridas, ni las de aquella noche ni las de mucho antes.
-No lo había comprendido al momento, pero yo me estaba enamorando de él- revela sintiendo un repentino nudo en la garganta.
-A cualquier otro le hubiese ocurrido lo mismo- repone la muchacha sin medir sus palabras. Antes de poder retirarlas, el otro le observa fijamente. Nuevamente ríe y asiente repetidas veces con la cabeza.
"Sí, sí", piensa. "Justamente eso, cualquiera."
-Ninguno de los dos sabía comprender muy bien lo que nos ocurría- explica con parsimonia, como si le hablara a una niña pequeña-, pero a partir de ese momento no lo dejé escapar.
Y al notar el rostro confundido de la joven suelta una corta carcajada y le mira con cariño. Después de todo no le sorprende tanto, porque los rumores y la realidad difieren extraordinariamente. Sí, ciertamente no todos los rumores eran mentira, o al menos no en su totalidad. Sí, Gaara se había vuelto inestable, violento, le había hecho un montón de cosas que con sólo recordarlas dolían, y sí había iniciado esa guerra que se había llevado a Gai-sensei y a muchos de sus amigos. Pero nada de eso cambiaba el amor que sentía hacia el pelirrojo, que había sentido siempre a pesar de que en algún momento hubo dicho lo contrario.
-Luego de aquella noche comenzamos a comunicarnos mediante cartas- nuevamente sus ojos miran al pasado, a aquellos lejanos atardeceres que se sentían secos sobre su piel y que le recordaban tanto a su pelirrojo-. Y cada vez que venía a Konoha pasábamos juntos casi todo el tiempo. Obviamente todos se dieron cuenta de que algo ocurría entre nosotros, y muchos me advirtieron que me alejara de Gaara, que no me convenía estar con él.
-Pero no les hiciste caso...
Sonríe.
-¿Lo habrías hecho tú de haber estado en mi posición?
La respuesta es obvia.
-Gai-sensei siempre supo todo... Tenía esa intuición que tienen los padres. Mi pobre, pobre Gai...
"Se me acercó una tarde, mientras entrenábamos. Tenía una expresión de absoluta concentración, así que cuando llegara a mi altura y colocara uno de sus brazos sobre mi hombro, no tuve que escucharle decir 'Tenemos que hablar' para saber que se avecinaba una cosa seria. El amor que sentía por Gai-sensei fue algo que nunca disminuyó y Gaara tuvo que lidiar con ello, asimismo cuando el sentimiento era recíproco. Pero Gai podía ver todas las cosas que yo no. Él nunca se dejó engañar por esta nueva faceta de Gaara, ni por su aparente calma ni por el tono sutil de su voz, cuando le amenazaba. Esa tarde lo dijo, porque estaba profundamente preocupado por mí."
"-Lee- llamó esa tarde mientras descansábamos y escuchábamos a lo lejos a Tenten y a Neji practicando-, hay algo de lo que necesito que hablemos."
"-¿Es sobre Gaara?- por supuesto que era sobre él. Todos me habían advertido y yo sinceramente estaba un poco harto de que se entrometieran en mis cosas. Pero a mi querido Gai-sensei no podía decirle semejante cosa."
"Él, por toda respuesta, asintió:- No está bien, Lee- dijo completamente convencido, asustado ante la posibilidad de que algo pudiera ocurrirme a manos del pelirrojo ninja."
"-No te preocupes por mí, Gai-sensei- traté de hacerle entender-. Gaara ha cambiado mucho, ya no es el mismo de antes. Además..."
"-No, no Lee- me interrumpió, cosa que nunca hacía-. No entiendes. Por más que digas que ha cambiado, y aún si fuese cierto, ¿no puedes percatarte de lo que sucede?- al decir esto le observé, interesado. Con sus palabras había nacido la curiosidad dentro de mí. ¿Qué habría podido captar mi sensei que yo no? Ah, y cuando lo dijo, no supe si tenía razón o no. Gai-sensei nunca me mentiría...- No es normal, Lee."
"Estuve a punto de reír con soltura. Por supuesto que no era normal. Ninguno de los shinobis lo era, Gaara menos que nadie. Pero eso no quería decir que hubiese algo malo con él. Sí, en el pasado Gaara había sido prácticamente una máquina de matar, pero ahora era diferente. Simplemente había que darse a la tarea de comprender a este nuevo Gaara, o al menos eso era lo que pensaba. Pero mi sensei tenía una idea muy diferente del pelirrojo."
"-¿Acaso no te das cuenta?- preguntó perturbado de veras- Su mirada, Lee, es la misma de antes. No ha cambiado. Sé que siempre están juntos, pero le he visto mirarme, cuando me acerco a ti. ¿Sabes cómo me mira, Lee? Como si quisiera matarme. Podría hacerlo. Pero incluso eso no me importa. Quien me importa eres tú Lee, porque eres muy ingenuo y muy buena persona. Temo que pueda lastimarte y..."
"Se detuvo de pronto, y le miré detenidamente para ver el porqué, pero incluso antes de preguntarle qué era lo que ocurría pude sentir perfectamente aquel conocido chakra que me enviaba una sonrisa a los labios tan sólo de pensar que le tenía cerca. Lo primero que apareció frente a nosotros fue la arena, luego los cabellos rojos que se mecían por el viento y luego unos ojos azules que nos observaban fijamente. Al acercarse a mí su rostro no mostraba ninguna expresión."
"-No lo lastimaría- murmuró con ese tono de voz suyo que era quedo y calmo, cautivante pero viciosamente peligroso."
"-Lo siento, Gaara-sama...- se disculpó mi sensei sin sentirlo realmente. Pude ver sus ojos que denotaban la aversión que sentía hacia a Gaara, el rencor por lo que me había hecho y lo que había estado a punto de arrebatarme."
"Gaara no dijo nada, tan sólo le contempló como si buscara crear hoyos enormes en él. Por mi parte sonreí con algo de tensión presionada sobre mis hombros. Era evidente que Gaara y Gai-sensei no podrían llevarse bien, y esto me mortificaba. Gaara era un amigo extremadamente preciado para mí y Gai, bueno, era Gai. Quería que mis dos personas más importantes pudiesen aceptarse el uno al otro, pero eso parecía imposible. Cuando Gai-sensei se retiró, adivinando que Gaara no deseaba tenerle cerca, me dedicó una mirada reprobatoria."
"Por primera vez sentí un nudo en el estómago. Había hecho algo que había decepcionado a mi sensei, y este pensamiento me atormentaba. Creo que en ese momento el cambio en mi expresión fue demasiado evidente, porque Gaara se acercó a mí y, como un siseo, preguntó:"
"-¿Estás triste por él?"
"Negué inmediatamente y traté de sonreír. Mi intento de hacer parecer como si todo estuviese normal fue realmente inútil. Gaara sabía como leer mis expresiones y, como dijera repetidas veces, odiaba verme triste. Soltó un ligero gruñido."
"-Ese hombre... ¿es importante para ti?"
"-Gai-sensei es una de mis personas más importantes, Gaara-kun- contesté con sinceridad."
"Obviamente Gaara no lo dijo en ese momento y tampoco lo demostró, pero mi respuesta lo había herido. En cualquier otra situación me habría matado en ese mismo instante, y a Gai-sensei también. Nos habría asesinado tan sólo por ser los causantes de ese escozor en el pecho que no había sentido nunca antes, pero aceptaba que todos esos cambios, todas esas emociones nuevas, era lo que estaba buscando de mí. Porque además del dolor ocasionado por mi afecto hacia mi maestro, también desencadené en Gaara lo que eran los celos. Y él era peligroso, como decía Gai."
"Sí que lo era. No quise darme por enterado, pero sabía que si mi respuesta hubiese sido otra, si yo hubiese dicho a Gaara que Gai-sensei no era importante, le habría matado. Tan sólo por ponerme triste Gaara le habría procurado la muerte más horrible y dolorosa. Pero eso era algo que yo cambiaría, con el tiempo y con mucha, muchísima paciencia y voluntad."
-¿Y pudiste cambiarlo?- inquiere la chica. La respuesta es obvia, pero aún así no puede evitar la pregunta.
-Me temo que no lo suficiente...- agacha la mirada y se muerde los labios.
Recordar se vuelve difícil, a veces. Gai-sensei había sido de sus personas más preciadas, el hombre por el que hubiese dado la vida sin dudarlo dos veces. La mirada de su sensei, a partir de ese momento, se había vuelto oscura. Cada vez que veía a Gaara se le había notado tenso y, en una oportunidad le había dicho: 'Va a matarme'. Esa tarde Lee había reído, le había asegurado que eso no era posible, Gaara jamás haría algo como eso. Pero entonces... era el peligro, la arena que de vez en cuando parecía actuar con vida propia. Lee se lamentaba, se lamentó muchas veces, aún ahora se lamenta de no haberlo escuchado.
Se lamenta de no haber detenido a su amante lo suficientemente a tiempo.
Y haber salvado a Gai-sensei.
*
CONTINUARA...


