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Notas de la historia:
Los personajes no me pertenecen, pertenecen a sus propietarios legales, quienes quieran que sean. No hay ánimo de lucro, tampoco.
Siempre era Brian el que se encargaba de comprar los juguetes: las bolas chinas, las esposas, y por supuesto los vibradores, por eso, cuando llegó a esa tienda con la hermana de Dafne a comprarle algo para su despedida de soltera, su cara ardía de vergüenza. Vamos Justin, iba pensando, has follado en público, has usado la mayor parte de los aparatos que hay ahí dentro. No puede ser tan difícil comprar cualquiera de esas bromas pre-boda.

Cuando entró, en seguida se vio atraído hacia el cuero. Brian de cuero era lo más sexy que había visto en su vida. Y esos látigos....Mmmm...

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Brian llegó a casa cansado. Kinnectick le robaba mucho tiempo de estar con su Sunshine. Por una parte, casi prefería cuando él vivía en Nueva York, por lo menos entonces podía descansar entre semana para la sesión de sexo olímpica del fin de semana, al fin y al cabo, ya no era tan jov... Kinney, quita tu mente de ahí YA. Tú nunca serás vie...¡Casi lo dices! Piensa en...Sunshine desnudo, Sunshine desnudo...

Estaba su mente divagando tanto, que no le extrañó que Justin no saliese corriendo a saludarle, y tampoco que no oliese la cena en la cocina.

Subió a su dormitorio a cambiarse. Según llegaba, vio luz por debajo de la puerta y sonrió. Esta noche Sunshine tiene ganas de fiesta, pensó. No sabía cuantas.

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Estaba un poco nervioso. Brian llegaba tarde y el se había vestido hacía ya tres cuartos de hora, y estaba empezando a quedarse frío a pesar de la calefacción y las velas. Cuando estaba planteándose ponerse algo encima, oyó a Brian subir las escaleras. Contuvo la respiración y cerró los ojos, haciéndose el dormido. Notó como la puerta se abría, y olió a su novio. Pero no le escuchaba. Esperaba que viese el látigo sobre la cómoda.

Cuando estaba empezando a desesperar, noto algo frío y suave deslizarse sobre su pecho. Cuando abrió los ojos, un golpe repentino en un pezón le hizo chillar.

- Debes haber sido un chico muy malo para que tú mismo te hayas esposado a la cama... ¿Vas a decirme qué has hecho?
- N...n...no- La voz de Justin salía temblorosa. La de Brian, fría y serena, algo divertida.
-Entonces me parece que voy a castigarte.-No había acabado de decirlo cuando un golpe resonó sobre su muslo, a pocos milímetro del slip de cuero que llevaba puesto.
-Solo me... No, no te lo digo.
-Señor
-¿Qué?
-No se lo digo, señor.- Y subrayó su orden con un latigazo en su pierna.
-No se lo digo, señor Kinney.

Justin podía ver el deseo hambriento en los ojos del moreno, lo que solo consiguió que su pene se irguiese aún más.

-Creo que sí me vas a decir lo que has hecho, niño malo. –Mientras decía esto, le bajaba el slip, con la total colaboración de Justin, que levantaba el culo de la cama.
-No, señor, no se lo digo.
-Muy bien.

Justin vio como Brian se quitaba la ropa, y volvía a la cama, con el látigo en una mano y una erección de campeonato entre las piernas.
Entonces le pasó suavemente el látigo alrededor de su pene, deslizándose lentamente por su escroto hasta su ano. Un escalofrío recorrió a Justin.

-Veo que tiemblas de miedo, quizás ahora te decidas. ¿Tienes miedo?

Ambos sabían que no lo tenía, que confiaba plenamente en él, pero era parte del juego.

-Sí, señor, tengo miedo.
-Entonces me dirás qué has hecho.
-No señor.

Un breve latigazo de dolor en su miembro, que se convirtió en puro placer, hizo que Justin soltara un gemido entrecortado.

-Vale, vale, se lo diré, señor.
-Buen chico.-El látigo nunca había dejado de recorrer su erección. – Dime.
-Yo, el otro día... Quemé uno de tus trajes Prada con un cigarrillo.
-¡¿Qué?!

La indignación era patente en la voz de Brian. Pero enseguida, al ver la cara risueña de su novio, le dijo:

- Como veo que te gusta tomarme el pelo, vamos a jugar duro. Gírate y ponte de rodillas. Vamos.

Justin no podía darse la vuelta con las esposas, pero el tono de voz del moreno no admitía réplica.


Podía verle como intentaba girarse sobre la cama. Sabía que no lo iba a conseguir, pero su culito moviéndose sobre la cama e intentándolo le ponían malo.
Cuando vio que empezaba a cansarse, le ayudó a colocarse a cuatro patas. Se puso rápidamente un condón y un poco de lubricante y le penetró de una sola embestida.

-¡Ahhh! –Gimieron a la vez.

Como sabía que le haría daño si se movía muy rápido, pues no le había preparado, esperó quieto dentro de él. Cuando notó que su cuerpo se relajaba, empezó a embestirle con fuerza. Justin gemía sin parar, con una mezcla de placer y dolor insoportable.

-Bri, por favor, ayúdame a acabar, por favor.
-Dime... que... has... hecho..niño... malo... –Le ordenó Brian con voz jadeante, a punto de mandar el juego a la mierda.
-Solo...solo te deseé demasiado en cuanto vi el látigo en la tienda.

Nada más oír esto, Brian agarró el pene de su novio y ambos se corrieron entre gemidos. Quedaron totalmente quietos, el cuerpo de Brian sobre el de Justin.
Cuando se recuperaron, Brian le desató. Mientras abría las esposas para liberar a su amante, se le ocurrió una pregunta.

-¿Cómo te has atado tu sólo?
-No se lo digo, señor Kinney. –Y una sonrisa luminosa apareció en los labios del rubio.
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--Administrador on 21/05/10 - 03:24 am