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Notas del capítulo:
Continuación capítulo 3
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Melhor seria ser filho da outra
Outra realidade menos morta
Tanta mentira, tanta força bruta

Sería mejor ser el hijo de otro,
Otra realidad, una menos muerta
Tantas mentiras, tanta fuerza bruta

Calice - Gilberto Gil/Chico Buarque (Canción portuguesa)


Qué te pones para el juicio de tu padre y su posible ejecución?, se preguntó Draco, mientras repasaba su guardaropa con ojo crítico.

Probablemente algo que se confundiera con el atuendo de un funeral, al menos eso suponía, y definitivamente tenía demasiada ropa de ese tipo de la cual escoger. En las últimas semanas, había hecho un espectáculo involuntario de sí mismo, llegando sin anunciarse a los servicios funerarios de los miembros de la Orden, ganándose rudas miradas y rechazos de los familiares y amigos que no habían aceptado totalmente el hecho de que él era uno de los espías secretos que les dieron la victoria.

Presentarse en los funerales se había convertido, en parte, en otro acto de desafío, y en parte, en una muestra de apoyo para Severus. Draco estaba determinado a no dejar sus contribuciones a la victoria en el pasado. No había pedido por este rol mucho más de lo que Potter lo había hecho; debería estar demente para dejar al mundo mágico olvidarlo.

La peor parte, por supuesto, fue el funeral de Dumbledore, un uncreíble espectáculo al que fue, casi todo el mundo. Después de los primeros cinco minutos de miradas y no tan silenciosos murmullos, se pegó a Severus como una sanguijuela. Dumbledore, convertido en Potter, o al menos eso creía, había asestado el golpe fatal a Voldemort pero al hacerlo, había infringido su propia muerte. Aparentemente había existido una críptica profecía que decía que sólo Potter podía matar al Señor Oscuro; en la irónica manera de las profecías, el Dumbledore disfrazado había, de alguna manera, cumplido la condición.

El verdadero Harry Potter había sobrevivido. Draco se sorprendió al estar agradecido por esto. Aún así, dejó el funeral de Dumbledore antes de que la elite Gryffindor que acompañaba a Potter hiciera su aparición.

Recorrió su closet lentamente. Su madre querría que su apariencia fuera respetuosa, a pesar de que él no sintiera nada remotamente parecido. Su inclinación era, de momento, aparecer a las puertas de la corte del Ministerio usando el uniforme de Hufflepuff, o ropa muggle bastante escandalosa, o incluso prendas de papel. Cualquier cosa para declararle formalmente al mundo que él y Lucius no eran del mismo linaje, de la misma familia. Del mismo Universo.

Dejó de lado una túnica de lino negro – se arrugaría horriblemente y el juicio prometía ser largo – y se puso una túnica de lana azul marino. Por un momento, jugueteó con la idea de usar su Orden de Merlin, pero dejó la idea de lado pues parecía demasiado pomposa. Nadie que lo viera sabría qué hacer ante tal gesto.

“Amo Draco visitará a su madre antes de irse?” preguntó Sully.

“Por supuesto” respondió sin molestarse en voltear.

La recién encontrada neutralidad de su madre y su flexibilidad Slytherin habían venido en su ayuda en el momento de la caída de Voldemort. Una vez que Lucius se hubo ido, ella se deshizo de cualquier posible afinidad para con el lado derrotado. Su naturaleza pragmática les permitió a ambos vivir en estudiada cortesía, sin llegar al verdadero afecto.

Pero su pena por Lucius era lo suficientemente real.

Entró a la habitación de su madre y sus ojos se ajustron a la oscuridad. Narcissa no dormía; esperó silenciosamente en la semioscuridad, viéndolo acercarse a su cama con sus pálidos y tristes ojos. Todos habían acordado que su presencia no era necesaria en el juicio – incluso sin considerar que había estado pasando los últimos días bajo el efecto de una poción que Severus había hecho para ella días atrás. Parecía calmarla como nada más – incluido su hijo – había podido.

“Buenos días Madre” dijo, mientras besaba la pálida y delgada mejilla.

Lumos” dijo en respuesta, causando que las luces brillaran poco a poco. El casi deseó que dejara la habitación a oscuras, porque odiaba verla tan abatida, “Te ves muy bien”

No respondió al halago. “Estaré fuera todo el día. Redmund te enviará una lechuza tan pronto como haya alguna decisión” pretendió, más por ella, que el veredicto no estaba dado. Como si la única decisión que quedaba por hacer no fuera entre el beso del dementor o la muerte inmediata.

“Desiree Crabbe prometió venir y esperar conmigo esta tarde si es que podía desocuparse un momento”

Esperaba, por su bien, que su antigua amiga hiciera un esfuerzo, que no era del todo garantía. La Sra. Crabbe estaría enfrentando la misma situación la próxima semana cuando su esposo tuviera su propio juicio, y se encontraría necesitando el mismo apoyo. Aún así, había escuchado de Sully, que la otra mujer casi nunca estaba sobria por las tardes.

“Será mejor que me vaya. La conexión Floo del Ministerio estará sobrecargada si espero más”

Asintió lentamente pero no dijo nada.

Titubeó, sin querer decir nada pero sintiendo que debía decirle algo confortante. Si lo que eso era tenía que ser un consuelo falso y efusivo, no dejaba lugar a dudas. “Se terminará pronto”

Levantó la cabeza un poco, “Y no serás llamado a testificar?”

“No” Ya había suficientes informantes que deseaban testificar contra Lucius, y los Aurores estaban siendo distintivamente generosos con él.

“Entonces eso es bueno” ella desvió la mirada y él le dió un ligero apretón a su mano helada.

Notó al elfo doméstico en la puerta, “Vigílala hoy” ordenó en voz baja mientras pasaba.

Sully respondió, “Yo sí Amo Draco, usted no preocuparse, Sully traerá el té para la Señora Malfoy, y Sully sabe donde guarda el Sr. Snape la poción”


Draco había asisitido al ministerio para dar testimonio tan seguido en las últimas semanas, que el guardia lo reconoció y lo saludó desde lejos. Las multitudes se estaban amontonando con la futil esperanza de entrar en la sala en la que se suponía sucedería el que prometía ser uno de los mejores juicios de la década. Incluso después de expandir la sala para dar lugar a las familias sobrevivientes de las víctimas de Lucius, se había hecho un sorteo para los cientos que estaban ansiosos por acaparar uno de los asientos sobrantes.

Se tomó un momento para deslizarse a una esquina poco concurida e invocó un rápido glamour en sí mismo. Habían pasado semanas desde que se disfrazara de David Carmichael, e incluso después de meses de usar el disfraz antes de que la guerra acabara, se sentía incómodo. Aún así, por su propia seguridad, consideró prudente el no ser visto como él mismo en los pasillos llenos de magos y brujas que podían no considerar que había una gran diferencia entre Lucius Malfoy y su hijo.

Había una gran cantidad de gente en el ascensor, por lo que decidió evitar la fila y tomar las escaleras. Descendió sin ser notado, feliz por la oportunidad de estirar las piernas antes de lo que prometía ser un largo día sentado. Ya estaba tenso, y no esperaba que la tensión disminuyera.

El ruido de muchas voces lo guió hasta el nuvel más bajo de las oficinas del Ministerio y la pesada puerta de madera de la Sala de Audiencias No.8. Se encontró formado en una fila que iba pegada a la pared.

La seguridad había aumentado considerablemente. Le sorprendió el encontrarse con que las varitas no estaban permitidas en la Sala, sólo por este Juicio, y un equipo de Aurores estaba viendo que las varitas fueran entregadas y resguardadas. Mientras se acercaba a la persona que iba a recoger su varita, el mago a su izquierda discutía el hecho de entregarle su varita al Auror.

“Es realmente necesario?”, escuchó que preguntaba con voz grave el señor.

“No se permiten varitas” repuso el Auror, y Draco pudo sentir que el hombre había repetido esa frase mucho más de lo que debía. Aún así, era bastante raro que confiscaran las varitas, y la resistencia del mago no era sorpresa.

“Esta varita no ha salido de mi posesión por sesenta y tres años” insistió.

“Si el caballero no quiere entregarla, hay suficientes visitantes que estarían gustosos de tomar su lugar en la Sala”, el Auror observó al mago directamente. Finalmente, el recalcitrante señor entregó su varita sin ninguna otra palabra.

Después de que Draco le dió su varita a una bruja con la pinta de estar siempre alerta, se encontró con que su mano estaba siendo fuertemente presionada en un suave velo, el cual se enredó confortablemente alrededor de su palma y sus dedos, amoldándose para formar su agarre como una segunda piel. Ante la orden de la bruja, el velo cayó suavemente en la mesa, y ella puso su varita sobre éste.

“Nombre?” preguntó la bruja.

Intentó mantener su voz baja, “Draco Malfoy”

Instantáneamente, el velo se enredó herméticamente alrededor de la varita, y el paquete voló a través de una barrera brillante que había detrás de ella, donde había aún más aurores asegurando las varitas. Ahora sólo la mano que concordara con la impresión en el velo podía retirar la varita de su celda de seguridad.

Logró romper la rutina matutina de la bruja, o al menos eso notó. Ella lo estaba viendo como si fuera algún tipo de animal prohibido, pero al menos ella no empezó a buscar su propia varita. Supuso que debía estar agradecido.

“Ya terminamos?” tuvo que preguntar, y ella se sacudió antes de adoptar un expresión de fingida pasividad antes de asentir.

Esperó un momento después de entrar a la Sala, manteniendo su espalda hacia la gente y fingiendo estudiar una pintura de Earl de Duncastle, para permitir que su glamour se disipara. Con todo el mundo sin varita, decidió que su bienestar estaba asegurado – bueno, eso podría ser hasta que alguien decidiera atacarlo con los puños – y a él no le importaba gastar toda su energía en mantener su fachada todo el día. Earl, viendo su transformación, murmuró, “Buen show joven” y Draco le regaló una ceja levantada y una sonrisa en su mejor estilo Malfoy.

Severus había estado vigilando la puerta, y captó su mirada mientras daba la vuelta. Draco asintió en reconocimiento y sorteó su camino alrededor de una bruja especialmente grande que, pudiendo deducir al escuchar su incesante parloteo, esperaba el resultado del juicio con visible entusiasmo.

“El Avada es demasiado bueno para él” Estaba diciendo, gesticulando dramáticamente y casi tirando a Draco con uno de sus enormes brazos. Pudo al fin, pasar alrededor de ella, pero afortunadamente ella no le prestó atención, estaba tan inmersa en su diatriba, “Asesinó a mi hijo y a su esposa – ella era de origen Muggle – estaban tomando el té cuando sucedió...”

Notó que no podía recordar cuál familia pudo ser. Había demasiados; se mezclaban en la horrible recolección. Una familia muggle desaparecida, un hermano y una hermana huérfanos, un soldado atrapado y torturado, un hostal hecho cenizas. Todo pudo haber sucedido en un día de trabajo de Lucius Malfoy, el Mortífago letalmente eficiente.

Pero si Draco no podía recordar, esta Sala estaba a reventar de aquellos que si podían – cada detalle, cada terrible accipon, cada muerte despiadada – porque Lucius Malfoy les había arruinado la vida. Todos estaban aquí hoy para dar testimonio y para asegurarse de que el Wizengamot hiciera lo mismo con él.

Con un suspiro, se sentó en el lugar vacío junto a Snape en una sección sospechosamente vacía, “Severus” dijo a modo de saludo. Cómo podría haber dicho ‘Buenos días’?, ambos sabían que estaba muy lejos de ser así.

“Draco. Cómo está tu madre hoy?”

“Como de costumbre” eso aniquiló cualquier tipo de conversación.

El sonido de la multitud cambió perceptiblemente, llevando su atención hacia el grupo que estaba entrando. Severus también notó el cambio en la Sala, intercambiaron miradas. Ninguno necesitaba una confirmación de por quién era tanto alboroto.

Potter.

Iba flanqueado por su usual grupo Gryffindor – Granger, Longbottom, Thomas, Finnigan, y un considerable número de Weasleys. Su séquito lo rodeaba como si fueran guardaespaldas, lo que no estaba muy lejos de la realidad. La gente en la multitud cercana se acercaba más hacia los recién llegados, como si Potter fuera un imán y ellos estuvieran hechos de hierro.

Potter había sido parte de los pensamientos de todos y de sus conversaciones por tanto tiempo, durante la guerra y en las semanas que seguían a la batalla final, que Draco se dió cuenta con un sobresalto, de que no lo había visto en persona – ignorando los cientos de Potters volando durante la última batalla – desde su última noche en Hogwarts. La noche en que se habían besado. En los años siguientes, se convenció de que su comportamiento tan inapropiado sólo había sido un ridiculo intento de aferrarse a los últimos restos de su inocencia escolar. No se había permitido preguntarse porqué Potter lo había besado en respuesta. Pero si eso era verdad, entonces porqué le enviaba su cerebro señales ansiosas ante la vista de su antiguo adversario? Porqué se sentía tan incómodamente ennervado ante la mira vista de él?

“Ya podemos morir tranquilos” dijo Severus, para que sólo Draco lo escuchara, en un tono cargado de sarcasmo, “El chico dorado ha llegado”

Después de todo lo que le había pasado desde que dejara Hogwarts, Draco se encontró con que su antipática animosidad hacia Potter se había devanecido considerablemente. Había pasado por encima de la ira infantil sin darse cuenta de ello, y asumió que todos lo habían hecho, así que se sorprendió al escuchar la amargura en el comentario de Severus.

Potter se veía practicamente igual a como se veía esa noche, tal vez un poco más ancho en los hombros y algunos otros músculos desarrollados por la guerra. La diferencia más notable, era la apariencia demasiado seria de su mirada y su expresión cautelosa.

El grupo avanzó a través de la Sala, hasta que Draco se dió cuenta de que se dirigían a la sección relativamente vacía en la que se encontraban. Potter se adelantó a sus protectores y se paró frente a él. Sintiéndose distintivamente en desventaja, se levantó rápidamente para quedar cara a cara y estuvo complacido al encontrarse con que era ligeramente más alto que el otro hombre. No mucho, pero lo suficiente.

Potter estiró su mano y dijo, “Malfoy”

Draco estuvo distantemente consiente del grupo de fotógrafos que había cerca, listos para capturar esta ocasión histórica. Sintiéndose observado, respondió de la única manera posible, esperando que su propia mano no estuviera sudorosa por los nervios, “Potter”

A su lado, Severus jadeó.

Potter no retiró su mano tan rápido como Draco pensó que lo haría, en vez de eso, prolongó el toque por un largo rato. Se preguntó si lo estaba haciendo por el mero beneficio de los fotógrafos.

“Lo lamento” fue todo lo que dijo Potter, aunque, porqué lo lamentaba – la atención de la gente concentrada sobre ellos con curiosidad no disimulada, o el trauma del juicio de su padre, o tal vez toda su horrible historia – no lo especificó.

“Lo sé” respondió, aunque no era lo que quería decir, en absoluto.

Potter guió a su grupo hacia la fila de asientos que estaban vacios, deteniéndose para estrechar brevemente la mano de Snape. Severus no se molestó en ponerse de pie. Dean Thomas tomó asiento justo a un lado de Draco y le dió un saludo inesperadamente cálido.

Su respuesta fue interrumpida por el fuerte eco de la puerta de la sala al cerrarse, lo que capturo la atención de todos y redujo el ruido hasta que sólo fue un pequeño murmullo. Al mismo tiempo, dos puertas – una a la derecha de la plataforma y una a la izquierda – se abrieron. De la primera puerta, salieron los elegantes miembros del Wizengamot, callados y serios, tomando asiento detrás de las mesas hermosamente talladas. Había huecos notables entre los lugares – notó que los miembros que habían sido asesinados en la guerra aún no eran reemplazados, probablemente era una declaración implícita de porqué estaban ahí.

De la otra puerta, vió que entraban cuatro Aurores alrededor de la alta figura de su padre; marcharon lentamente hasta el centro de la sala y se detuvieron frente a los jueces. Sus abogados lo siguieron. Draco sentía como si todos en la habitación pudieran escuchar los latidos de su corazón, así estaba de afectado ante la vista de su padre después de meses de no verlo. Pero la atención de la audiencia estaba fija en Lucius, y reaccionaron con diversos siseos y murmullos, hasta que se escuchó una voz fuerte.

“Basura Mortífaga, asesino”

Esa solitaria voz fue seguida de otra, y después otra más, hasta que los gritos eran insoportables. Su padre, congelado en su lugar entre los guardias, no mostró ninguna señal de haberlos escuchado.

“Silencio” fue la orden que dió el mago más conspicuo, obviamente el nuevo Jefe del Wizengamot. Draco buscó en su memoria el nombre – Eurybiades Tabernash. Draco lo recordaba de previas declaraciones hechas al Ministerio, aunque no se había percatado de su posición en ese momento.

Lucius fue llevado a la solitaria silla en el centro de la Sala. Mientras su padre tomaba asiento, Draco observó como fuertes cintas de piel se ataban firmemente alrededor de sus tobillos y muñecas, uniéndolo al asiento. Se había dicho a sí mismo que no iba a ver a Lucius, pero ahora no podía ver nada más. La última vez que lo había visto, fue la mañana de su descubrimiento, y ninva tuvieron oportunidad de despedirse. El destino se había asegurado de que ya nunca tuvieran otra oportunidad.

Uno de los miembros del Wizengamot – una bruja de voz melodiosa – empezó a leer los cargos del Ministerio contra su padre. La longitud del rollo le dejó saber que ella estaría leyendo por un buen rato. El simple número de ofensas era abrumador. Algunas de ellas, Draco las había presenciado, algunas solo había escuchado que sucedieron, y algunas eran nuevas. Cada ofensa digna de la cárcel y la pena capital.

Su padre no tenía oportunidad de salir de esta.

La bruja finalmente terminó, y Tabernash se dirigió a su padre directamente. “Usted es Lucius Malfoy?”

Hubo una larga pausa, sin duda alguna era una provocación, estaba seguro, “Sí”

“Tiene algo que decir acerca de los cargos que hay en su contra?”

No hubo respuesta. El representante de su padre, Lysander Redmund, se levantó de su lugar un poco atrás de Lucius y habló, “El Sr. Malfoy no desea testificar a su favor”

“Muy bien” dijo Tabernash, con evidente alivio. Su negativa probablemente haría el juicio más fácil, aunque probablemente no tan breve.

Un pequeño mago se adelantó para retirar la cubierta que había en una mesa cercana. Draco reconoció el contenido – botella trás botella de Veritaserum, una pequeña dosis para cada testigo. Prometía ser un largo día.

El Ministerio había escogido empezar con los testimonios de los pocos sobrevivientes que Lucius había dejado atrás, intercalados con los testimonios de los seres queridos de aquellos que no habían sido tan afortunados. Aparentemente, los testigos habían sido escogidos por su habilidad para hablar, pero aún así, después de varias horas, las palabras empezaron a tener una horrible similitud.

“Antes de que pudiéramos ocultarnos, conjuró la maldición asesina sobre mi esposo y ví la luz verde...”

“... y después me apuntó con su varita y lo escuché decir, Crucio...”

“... él gritó Incendio, y toda la habitación se prendió en llamas, apenas pude salir vivo...”

“... después de que asesinó a los diez mientras dormían...”

“... entonces me torturó por lo que parece fueron horas, y entonces él estaba...”

“... sonriendo todo el tiempo, como si lo disfrutara...”

“... había sangre en todos lados...”

“... y sólo eran niños pero él...”

El único sonido que era diferente era el abrir y cerrar de la puerta de la Sala después de que uno y otro asistente descubría que las imágenes eran demasiado gráficas para sus estómagos y escogían salir discretamente.

Potter era el siguiente testigo, para la dicha implícita de la multitud. Bajo el Veritaserum, relató desapasionadamente el rol que tuvo Lucius en la resurrección de Voldemort y sus actividades en el Ministerio cuando Sirius Black fue asesinado, dos historias que Draco jamás había escuchado desde la perspectiva de la Orden. Potter se había hecho más articulado en los últimos años, y su escalofriante testimonio tenía a la audiencia al borde de sus asientos. Después de casi una hora de intrigante narrativa, fue despedido, pero Draco pensó que El Profeta estaría contando una y otra vez su historia en las próximas semanas.

“El Ministerio llama a Severus Snape a dar testimonio”

Por primera vez en el día, Lucius reaccionó ante un testigo, dándole a Severus una mirada de asco y diciéndole “Traidor a la sangre”, pero Severus no reaccionó, ni si quiera vió a su padre. Tomó su dosis sin decir una palabra.

“Cuál era su misión para la Orden del Fénix?” le preguntó Tabernash.

“Era espía entre los Mortífagos, tuve suerte de permanecer sin ser detectado hasta el día de la batalla final”

“La Orden tenía conocimiento de sus acciones al estar como espía?”

“Sí, por supuesto, les reportaba de las actividades Mortífagas con toda la frecuencia que podía”

“Y usted ayudó a tender la trampa que llevó a la batalla final entre Harry Potter y Voldemor?”

“Tomé parte, sí”

“Y por su servicio el Ministerio le otorgó la Orden de Merlin, es correcto?”

“Sí”

Tabernash lo guió a través de algunos testimonios previos, buscándo y confirmando las ofensas de las que se acusaba a Lucius. La atención de Draco empezó a desviarse, hasta que escuchó a Tabernash preguntar, “Tenía usted conocimiento de la existencia de otros espías entre los Mortífagos?”

“Sí?”

“Quienes?”

“El primero era el hijo de Lucius Malfoy, Draco”

Su corazón empezó a latir más rápido, y deseo haber puesto más atención. Qué había llevado al Wizengamot a preguntar acerca de otros espías de la Orden? Había esperado – en vano por supuesto – que cualquier cosa relacionada con su servicio fuera excluida del juicio. Las cabezas giraron en su dirección.

“Cuándo empezó a trabajar Draco Malfoy para la Orden?”

“Él me buscó cuando aún era mi estudiante en Hogwarts, apenas tenía dieciseis años. Trabajé con él y lo entrené por varios años antes de que su padre lo llamara a convertirse un Mortífago, justo antes de que iniciara la guerra?”

Draco estaba consiente del creciente escrutinio con el que lo observaban los sorprendidos Gryffindors, pero se rehusaba a dejarlos atrapar su mirada.

“Draco pudo quedarse con los Mortífagos por casi un año” añadio Severus, “Servimos juntos en el cuartel general de los Mortífagos”

“Porqué se fue?”

“Fue una decisión que le pedí tomara. Dos miembros de la Orden habían sido capturados, y uno de ellos tenía información que hubiera llevado a la captura de Harry Potter. Draco les ayudó a escapar entes de que pudieran ser interrogados, lo que lo expuso como un espía de la Orden. Por su trabajo contra los Mortífagos el Ministerio le reconoció con una Orden de Merlin”

Severus estaba siendo increíblemente elocuente con sus respuestas, contrario a lo que antes había dejado saber en los entrenamientos. Aparentemente, no creía que el reconocimiento público de Potter hacia Draco fuera suficiente para terminar con la creencia de que Draco no era Lucius. No que su testimonio fuera de mucho valor -–la reputación de Severus era marginalmente mejor que la de Draco.

“Hubo otros entre los Mortífagos, que trabajaran parala Orden?”

“Uno más. Gregory Goyle”

Era el turno de Draco de sorprenderse – no había sido Gregory un Mortífago todo el tiempo?”

Aparentemente no. “Goyle vino a mí después de que se fue Draco. Dedujo que Draco había estado trabajando para la Orden y estaba determinado a reemplazarlo de la mejor manera”

“Dónde esta ahora?”

“Está muerto. No tuvo entrenamiento para encubrirse y no era muy bueno en eso. Fue descubierto poco antes de la batalla final. Su padre lo mató”

Draco sintió un repentino ataque de ira en su interior, y le tomó todo su autocontrol el quedarse impasivo. Sus puños se apretaron en su regazo mientras sentía como se encajaban las uñas en sus palmas. La violenta reacción debia ser dirigida hacia los Mortífagos – lo sabía – pero en vez de eso, se dirgió hacia todos – hacia Severus por no decirle acerca de Gregory hasta hoy, enojo con Dumbledore por no forzar a Gregory a que se quedara en Hogwarts y una ira especialmente voraz hacia sí mismo por su inhabilidad para proteger a su amigo de tanto tiempo, el chico que lo único que quería era ser como Draco, y quién pagó por su lealtad con la muerte a manos de su propio padre.

Justo en ese momento, Lucius giró su cabeza y lo vió directamente con una sonrisa calculadora y brutal. Estaba agradecido de que en ese momento no tenía su varita, porque lo podría haber matado en un santiamén sin un atisbo de remordimiento.

Pero se contentaría con que el Ministerio lo hiciera por él – eso claro, si se sentían piadosos. Si no, lo transportarían a Azkaban y dejarían que los dementores lo acabaran.

El Wizengamot se tomó sólo cinco minutos en llegar a un veredicto en contra del notable Mortífago Lucius Malfoy. Hoy no estaban de ánimo piadoso. Su padre fue condenado a vivir el resto de sus días presumiblemente contados, como un caparazón vacío, sin su despreciable alma. Besado.

Draco se aprovechó de la resultante celebración para dirigirse a la puerta, reclamar su varita y escapar del Ministerio tres pasos antes que los reporteros, la multitud, y Harry Potter, quien, inexplicablemente, intentaba alcanzarlo.

No supo porque pasó por alto la Red Floo, en vez de eso, permitió que su loca huída lo llevara a través de las puertas del Minsterio y hacia la calle. Logró perder a Potter, pero conociendo su naturaleza tenaz, probablemente no lo esquivaría por mucho tiempo. Sintió la necesidad de seguir moviéndose – cualquier cosa que lo ayudase a sacudirse las horas de inactividad y el shock del veredicto.

La vista de una lechuza mensajera persiguiéndolo mientras escapaba lo detuvo al instante. Era increíblemente raro ver a una lechuza en busca del destinatario en una calle concurrida, y alcanzó el mensaje con genuina sorpresa.

No dejaremos que tu traición pase inadvertida. Narcissa y Lucius no estarán separados por mucho tiempo

El estupor lo arrasó de golpe. Por interminables momentos, solo pudo quedarse ahí parado viendo a ningún lugar en particular, ignorante de las curiosas miradas de los transeúntes.

Potter por fin lo alcanzó – acababa de llegar o llevaba ahí de pie algún tiempo, sus ojos solidarios y curiosos detrás de sus ridículas gafas? Sin una palabra, le entregó la nota y se Apareció, de regreso en la Mansión donde sabía, sin lugar a dudas, que llegaría demasiado tarde.

Sully – no muerta solo inconsiente – estaba desparramada en el pasillo afuera de la habitación de su madre, y la dejó ahí por un momento.

Abriendo la puera, logró dar unos pasos dentro de la habitación antes de que la fuerza lo dejara por completo.

Narcissa estaba muera, eso era claro.

Era un mensaje ejecutado al más puro estilo motífago. Su asesinato había sido planeado para causar la menor cantidad de sufrimiento a la víctima – pudo deducir que murió instantáneamente, y estaba agradecido por ello – y la mayor angustia para la persona que la encontrara.

Bastante predecible. No querían castigar a Narcissa, claro que no. Su asesinato no tenía ningún tipo de animosidad dirigida hacia ella; probablemente disfrutaron de su hospitalidad en esta casa en algún momento durante una reunión social de los Mortífagos. Ella era una herramienta meramente conveniente, un talento que había perfeccionado durante su matrimonio con Lucius, un pergamino en blanco donde ellos podrían escribir su grotesco mensaje para Draco.

Se balanceó hasta el baño y vomitó en el lavamanos.

Cada miembro sobreviviente de la Orden, que conoció a Draco, sin importar qué tanto – y algunos que jamás había conocido – asistieron al funeral de su madre. Supuso que tenía que agradecer a Severus por tan deliberado y público gesto de apoyo, pero él no lo iba a mencionar. Severus no lo aceptaría.

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Recopilación Agosto 2010 Concurso Harry Potter




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--Administrador en 21/05/10 - 03:24 am